La
sentencia
unos
ochenta marzos le imaginaría. bronceada la tez. ya
mondo
el cráneo. hierático el pulso en una vieja silla.
apretaba
un cigarro entre la sien izquierda. nadie puede
—me
dijo quedamente— embridar y montar una vida. o
un
deseo a no ser los suyos. a la soledad no temas. ella es
tu
carne. trata de ir destino arriba y el azar te acompañe. él
como
el vocablo dios lo puede todo. la guitarra y la canción
si a
polvo llegan. polvo serán de quien tocó y cantaba.
De:
“Donde todo triste ruido hace su habitación”
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