Fuera
Como
somos un calor inesperado,
venimos empapadas de nuestro vivir en interiores
y nuestras extremidades buscan manijas, pedales, llaves y anaqueles,
como nuestra piel sin tela es temerosa
y no entendemos la escritura
parasitaria de las plantas;
como en la noche crujen ramas sin pasos
y otros animales respiran,
como hay siluetas que parecen más de arcilla,
frutos venenosos y nidos de arañas,
le pedimos permiso al árbol grande
para pasar al otro lado del bosque,
al otro lado del puente:
es nuestra migaja de pan para asegurarnos
de que sea siempre el mismo umbral
y que esté, de regreso, donde lo dejamos.
De: “Xicotepec”
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