AMÉ
A UNA CHICA que conoció a Dios en el Camino de Santiago
no la estreché en mis brazos nunca porque ella no me amó
pero pasé días semanas imaginando cómo sería el amor correspondido
besar sus labios prodigiosos para distinguir una pasta frutti di mare de otra
de maridar el vino más propicio para cualquier ocasión
o cuando la vi llorar cuando hablaba de su padre muerto de cáncer
mientras the police cantaba how my poor heart aches
un absoluto lugar común para cualquiera
pero entonces el luminoso cielo se partió en trozos y yo pensé
que esa tarde comenzaba la historia sin fin de la piedra apartada del pozo
viendo cómo no paró de sonreír en adelante
no sabía que la gente puede sonreír así, sin motivo aparente
más que lo que la teología se dio en llamar la beatitud evangélica
que ella encarnaba
ya
nada queda de ese amor
dichosos los que lloran los que son perseguidos en la sombra
a causa de ese amor
porque de ellos será el reino
los que ahora tienen hambre
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