lunes, 3 de julio de 2023

BERNARDO CARBÓ

 

 

 

Afecto

 

Aquí en el rancho le llaman “romper al caballo”. No he olvidado una sola palabra en español, pero en la ciudad jamás oí un sinónimo violento para domesticar. Una vez que el caballo reconoce el peso de la silla para montar como el suyo, una vez que el caballo admite las órdenes del jinete como las suyas, aseguran los rancheros que su relación más íntima es con el animal. ¿Será? Después lo somete, después lo apapacha. A falta de cuerdas vocales, el caballo agradece lamiendo un cubito de sal desde su palma extendida. Ya se irá el vaquero a cenar filete, ya se irá a beber güisqui y bailar con sus botas de serpiente. Si tuviera pulgares, el caballo se quedaría en casa a lavar los trastes.

 

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