VI. Te
has acostumbrado a ti
«Prevalece el grito de medianoche
de todas las noches […]»
Oriette D’Angelo
Ahora
te has acostumbrado a ti,
a tu geografía.
Has salvado tu alma despedazada.
Tus mentiras y costumbres
sobre la pena de tus
ruinas se han alzado en un altar.
Ya no te consuelan las palabras
ni las caricias.
Te has ocultado en un mundo impropio,
en las inmediaciones de un tiempo inexacto.
Has agotado tus márgenes
hasta encender en tus ojos
la madurez de quien sabe
que nada es eterno.
Ahora te has acostumbrado a ti.
A tus luces, a tus sombras
y a la fuerza que te sostiene.
De: “La
mujer de esparto”
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