Sed
Siempre
en esta lucha encadenada,
con el cansancio de cuestas y el espino
-pareciéndome a la sombra de la chimenea-,
¡relámpago de rabia en el costero!
Siempre
paso, pero siempre listo,
a los vientos oscuros del destino,
con este corazón en desatino
y en diamante de sangre, ¡huracanado!
Hacia
adentro, la sede de las colinas.
y en la angustia, la flor de las ternuras
y en las fibras la luz de los ratones…!
Y
busca las luces a la vista,
Estoy escuchando a todos los remitentes:
¡El hambre de Dios, de la eternidad y del espacio!
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