La
colmena
En
esa encrucijada rumbo a un tiempo de afanarse: abejas, abejas, abejas.
Ellas nos sirven de símbolo, pero ofician también de guardianas.
Pues nadie habrá de entrar a la cámara de miel, si en algún momento piensa
en volver a salir. Él tendría que jurar primero, como ella, ante el panal.
Quien rompiese el juramento no podría librarse del zumbido estridente
de una abeja invisible, que escucharían únicamente sus oídos. Creemos
que es roja. Se desarrolla partogenética a partir de un juramento falso.
Otras abejas se camuflan de silbido, zumbido, ventilación,
tinnitus, flautista, poste para antena, ventilador, mito de onda armónica.
Su poco tiempo lo consumen con thrillers psicológicos muy densos, películas
de horror. En su peli favorita la soga de rescate se me vuelve en una víbora.
Le corto la cabeza y a partir de ese momento caigo a lo profundo. ¡AAAAAH!
A no ser que una tribu de abejas emerja, me acoja y me lleve
a casa a resguardo. Y las tribus emergentes de abejas, ¿de qué dan testimonio?
Formación de pandillas. Extinción. Ecosistemas intactos. El lecho nupcial
del cielo de verano. Depreciación del presente. Solo una respuesta es correcta.
Versión
de Daniel Bencomo
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