LO perdido,
la extraña
brujería de lo frágil,
el
rigor mineral de la materia,
la
piel, el aire candeal.
Arder
adentro.
Ignorarse,
olvidar,
hacer
de lo vivido incertidumbre.
Todo
en ascuas al abrigo de un verbo,
de
una razón sin trabas
que
habla otra vez de la melancolía.
Y en
el catastro de la amanecida,
las
dudas de otro claro nuevo al darse.
Aún
hay tiempo.
(melancolía)
De:
“Ningún instante es más”
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