Autorretrato
en cámara oscura
A Vicente Gallego
Quien
camina hacia su interior no yerra.
Pisar la rama, beber
la tierra, latir
como si el fuego destilara
el sonido líquido de la quietud,
y nos perteneciera.
Intentar ser
lo que nadie compraría nunca:
el silencio invisible,
la puerta que conduce al canto
del ave,
lo oscuro del ladrido del perro abandonado,
el tacto que el amor creyó su nombre,
la indecisión del agua
pretendiéndose abrazo
justo en el instante previo
a estrellarse
contra la roca.
Lo que nadie compraría nunca:
la miel del fondo,
donde la luz florece solidaria
para los peces ciegos.
De:
“Los latidos contados”
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