MIRÓ
AL FONDO DE LA CALLE. Vivía en un noveno piso.
Calculó si sería mejor caer o colgarse.
Seguía mirando a la calle.
Era la primera vez que lo pensaba.
Sonó
el teléfono en la sala
era como si un miserable cable la mantuviera en vida.
Entró
a la sala.
Tomó la llamada. Preguntaron por alguien.
No contestó. Colgó y se hizo el silencio atroz.
Aquel nombre rebotaba en su cerebro.
Hubiera preferido escuchar:
le tenemos buenas noticias,
aquí está el cuerpo.
De:
“La versión de los espejos”
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