Primer
conjuro
Dime
cómo:
del fondo
del más allá
de una experiencia de contagio
buscando sin encontrar
buscando algo, rompiéndome
las manos, las neuronas
buscando en esa forma
o en el camino de regreso
Si
las ancestras conjuraban
para que sus ciclos completasen
algo:
la cosecha, las curaciones,
el fondo de ese abismo que las
más niñas mencionan como amor.
Si en mi cuerpo existe una fuerza
capaz de encajar cuchillos en la tierra
y cortar las lluvias.
Si sangro y reviento cada vez que sangro
aunque sean las últimas migajas
de esa fertilidad tan valorada.
Si construimos tras Juana Belén, esa república federal de las mujeres
pese a los edictos y las prohibiciones
al sofisticado, enrarecido
juego de palabras aristotélico
que impide, que manda
pese a Schöpenhauer o un cercano no cercano Melchor de las Epístolas.
Mejor lanzo la llama, arma de lenguaje, ese que busco
en ese más allá a donde me has recomendado ir.
¿Cómo se llega?
Te pregunto con mi guía de ciudades cenicientas:
¿Cómo?
mientras forzamos puertas clausuradas, desbrozando esos jardines
húmedos, herbosos, entre catarinas, orugas,
o peores paisajes: nidos de alimañas.
Búscate veinte minutos
Minutos para reconstruir y descender a ese sótano pro alergias
a vapulear esa no acción.
Baja y busca entre los restos de las cosas
ya me dirás qué herrumbre y herramienta
pero
es que mira
tenemos que prender el fuego
Tenemos que prenderle fuego
al
fuego.
De:
“Las trabajadoras”
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