viernes, 7 de julio de 2023


 

MONIKA RINCK

 


 

la oveja capital

 

sitios de tumulto moteados de blanco: una oveja bien hecha.
los músculos tenaces como el nylon, en lo oscuro las costillas,
la forma de las patas culmina en ligeros bastones.
de las pezuñas se obtienen botones, dildos, prótesis.
el sebo la recubre y por fuera el pelaje rizado.
esta es la oveja: generando plusvalía a cada minuto.
esta es la oveja: más tarde en camino a la súper oveja.
la oveja con cuencos puntiagudos, la oveja
que apunta al cielo, la oveja como torre de perforación,
la oveja visionaria del futuro, la oveja del mañana,
la convertida en dinero, en aceleración de muerte.
almohadones blancos, millones maximizados y cuantificados.
circulan hocicos, rueda la médula, la oveja capital.
y siempre vuelve una y otra vez, dos punto dos, dos
punto tres, dos punto cuatro millones de ovejas circulan
y al final parpadea, muy agotada, la oveja de la razón.

(con agradecimiento para la señora scho)

 

Versión de Daniel Bencomo

 

GABRIELA AGUIRRE SÁNCHEZ

 

 

 
NO CONOZCO la isla
ni las razones de tus padres,
pero cuando hablas me dices la tierra,
el agua, la orilla,
mi cuerpo flotando en lo inmenso y remoto.

 

De: “La isla de tu nombre”

 

MIJALIS PIERÍS

 

 

 

El placer maduro

 

Cae la lluvia y soy un hombre maduro, gris
y cansado. Por mi cuerpo pasan
las edades. Cambian los lugares. Estoy
en una ciudad desconocida, rara, marcada. Cae la lluvia
y sigo siendo el de ayer. No he salido
al nuevo día. Y entonces dijiste.
“Este lugar es escabroso y es oscuro.
Incluso en sueños. Es como si yo
fuese una extraña en mi cuerpo. Como si estuviese
prisionera de mi vida. Me agita el viento
como entre los cipreses cuando andaba
el año pasado junto a ti
y te tenía y te perdí. En un instante
pasas de este lado al otro lado.”

La miraba y pensaba en el miedo
del amor, en la oscuridad salvaje
del deseo ya marchito. Me quedaré
siempre joven, decías, y sin embargo envejeces
y yo envejezco, encanece, se cae
el cabello, se hacen más profundas las arrugas.
Crujen las rodillas oxidadas, me matan
las coyuntas y el dolor de los riñones.

Pero tú con toda la ternura
de una pasión bendecida me ofreces a cambio
un placer maduro. Tendré que juntar
fuerzas, pues, tendré
que regresar y sin embargo tengo miedo
del regreso. Qué transporte elegir
para que no naufrague el cuerpo a la mitad
de ese camino. Tengo miedo
del regreso. De que me traicione el lugar.

 

Versión de Selma Ancira y Francisco Segovia

 

 

SANDRA LUCÍA RAMÍREZ

 

 

 

Banquetera en los noventa

 

El [ser humano] libre en ninguna cosa piensa menos que en la muerte,
y su sabiduría no es meditación de la muerte, sino de la vida.
Libro V, prop. 67.

 

EL CLÓSET me quedó pequeño
y era demasiado solitario

miré pasar los cuerpos
de rostros invisibles
desde mi posición
                                            espié
la marcha transitando
del negro    al rosa    al arcoíris
de la indignación    a la jotería    al orgullo

el acrónimo fue sumando letras
mi cuerpo, años
y mi pelo se hizo blanco
y no fue repentino

la revolución sexual que yo esperaba
me alcanzó con treinta años de retraso

and I could say cool
good for you gender-fluid kids

pero elijo decir chido
no me importa

debe ser la menopausia
esta falta de deseo de ser deseada
hartazgo de una vida de exigirme
amar correctamente

nunca fui ni demasiado les
ni suficientemente buga
el clóset me quedó pequeño

la marcha pasó del negro al rosa al arcoíris

una letra llenó el vacío de la palabra
que repito en silencio
en este umbral
de vieja
de amantes olvidables
como yo
en los noventa.

 

ROBERTO ECHAVARREN

 



 

SOÑÉ QUE IBA al inodoro a orinar y detrás de mí se paraba Jim Morrison esperando turno. Todo él tenía un color rojizo, como una transparencia, pero no menos real. Yo estaba a punto de orinar pero no llegaba a soltar el chorro, inhibido por él detrás de mí. Con todo logré tranquilizarme y orinar. Ahora Jim pasaba a mi costado para orinar a su vez. Su orina llegaba desde la ingle por un tubo fino color amarillo brillante, se enganchaba al pabellón de la oreja y lanzaba el chorro impulsándolo hacia atrás. Esa dinámica me hizo pensar en el ala de un Mercurio.

 

ADRIANA DORANTES MORENO

 

  

 

Se cuentan las mentiras dichas cuando la gente ofrece tal o cual alimento: el pastel en la fiesta, el inocente pan que acompaña el guiso o el arroz. Se cuentan las veces en que se rechaza lo ofrecido: se cuentan, fabrican e inventan las mentiras.

 

Durante las festividades
los mapuches ponen la comida en primer lugar.
En año nuevo cocinan en abundancia
y los invitados guardan los sobrantes para llevarlos a sus casas.

La comida es para ellos ritual sagrado,
une con la naturaleza,
genera hermandad.
             (Si un extranjero es capaz de comer lo que ellos preparan
             se coloca en el mismo nivel de igualdad
             en armonía.)
 
Qué dirían de mí los mapuches
si fuese invitada a su mesa
cuando rechazara su pan cocido en el rescoldo,
sus sopaipillas recién salidas del aceite.
Qué ofensa les haría si no aceptase sus empanadas,
sus platillos hechos a base de cereales,
su vino de trigo fermentado.
No comer lo que todos es un alejamiento a conciencia,
una forma grosera de diferenciarse.
La sutil pero sólida hermandad existe más allá de los mapuches.
Recuerdo esto cada que me arrojo a la segregación voluntaria
de no comer lo que otros acostumbran.

Compartir la mesa es un convenio de afecto no racionalizado,
y rechazar lo que todos comen supone una ruptura discreta, pero inmediata.
El aislamiento se da en pequeñas acciones.
Llevar lechuga como base de todo el alimento.
Comer en horarios propios.
Cargar egoísmo en un recipiente que no se comparte
ni se identifica con los de los otros.
Rechazar lo ofrecido.

Lucho por aquello que creo que quiero.
Lucho con vergüenza.
Lucho contra lo que realmente quiero.
Recuerdo la filosofía de vida de los mapuches.
La comida es un ritual de sociedad: si no se participa no se pertenece,
no encaja.
A cada negativa se cierne sobre mí la discreta alienación de las miradas.

Adoraría comer los manjares.
No quiero ser ofensiva,
me da pena ser grosera,
pero me hace sentir peor ser gorda.

 

De: “La costumbre del vacío”