"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
jueves, 6 de julio de 2023
MARICELA GUERRERO
Posibilidades
de la lengua que habito
La
lengua que habito mana de mi madre: un manantial un ojo de agua en aquella
montaña bajo la tormenta: la lengua que habito es una posibilidad y miles: un
río que brota de su voz cantando polichinela con Sarita Montiel mientras echo a
andar: mi mama me amamanta con una lengua que canta y juega: desbarata sus
orillas: una lengua franca enclavada en un bosque tropical inexplorade.
Las
posibilidades de habitar una lengua se translocan: caminar y cantar ajenas
coplas, nanas sin sentido arrullos: orillas: aullidos de hembras que se
reconocen en sus gestos:
mi
madre canta y ulula en las heladas aguas del pacífico mi madre y Sarita Montiel
somos un origen marino mamífero cetáceos en manadas voces que manan
infinitamente en un océano que se entibia a veces y acoge espacies, se esparce,
canta, aúlla:
una
diseminación de gestos, una posibilidad exótica votiva de aves en parloteo y
expansiones: mi madre canta mamífera y orilla: ave arrulla aúllo cría: río:
orígenes
de voces que se escapan a bases de datos de palabras de una lengua que se
supone precisa prescriptiva prescriptive: agua
la
lengua que habito se echa a andar tambaleante
como los muñecos en el pim pam pum.
De:
“La huella posible”
MIJALIS PIERÍS
Relato
Mi
verdad el arte
las mentiras que devoran mi cuerpo
las escamas que caen rascadas
por un lápiz, lo que desechas es fuerza
y lo que conservas profundamente pelado
es
relato seco, irrescatable
canto resecado en la garganta
muro de mampostería, lugar árido, blanco
sudario de mi tierra y negro
santoral.
Versión
de Selma Ancira y Francisco Segovia
GABRIELA AGUIRRE SÁNCHEZ
EL
SONIDO de una cuatrimoto
se abre paso
entre los pedazos de conversaciones,
los colores de la vendimia
y los turistas orientales
con cámaras fotográficas.
El carnicero lleva un gran trozo de animal
en la parrilla.
El rojo de la carne
y el blanco de la grasa
me recuerdan que a pesar de todo,
la vida continúa.
De: “La isla de tu nombre”
SANDRA LUCÍA RAMÍREZ
La idea que excluye la existencia de nuestro cuerpo no
puede darse en nuestra alma.
Libro
III, prop. 10.
ESTE
ESPACIO que habito
este cuerpo
desmenuzado en tiras de selenio
intervalos biológicos de referencia
riesgos moderados
—conteo
de enzimas análisis de
posibles
disfunciones—
esta
línea oscura atravesándome
diez, nueve, ocho… al cero
presión arterial declive
—trans4,5-Epoxi-(E)-2-decenal—
esta
nariz larga en demasía
rota en demasía
respiración
láctea
—gonadotropina
citrato de clomifeno
ovarios
poliquísticos—
este
útero que se contrae y expulsa
coágulos endometriales
deseos inoculados
injertos
inciertos
pasos
a seguir cada noventa días
—ecografía
madurez ovocitaria—
piernas
abiertas
muslos violentados
cuento
cuerpo
cuerpo historia
debajo de las luces del quirófano
el niño
embebido en sangre
—vísceras
expuestas cicatrices—
glándulas
mamarias
boca
noches abiertas
de ojos abiertos
desencanto dolor
parecido al arrepentimiento
siento.
ROBERTO ECHAVARREN
SOMOS
SINTIENTES, el sistema nervioso trasmite el impacto de cada movimiento
muscular, pero no nos enteramos del proceso digestivo salvo cuando va mal,
partes de la máquina llevan su proceso sin avisar a la conciencia, y el placer
muscular, relajamiento y despliegue de las vértebras, hace parte de nuestra
vida sintiente, apegada a la humedad del cañaveral, al musgo en las paredes.
ADRIANA DORANTES MORENO
Se
cuentan las semanas y los días y las noches, las horas que faltan para terminar
la jornada y temer por el comienzo de la siguiente con el hambre de días y
noches y semanas. Y se cuentan las horas de sueño, para que el sueño otorgue
menos conciencia de la desesperación.
La
saciedad es individual,
incompartida.
Como un instinto primitivo, busco y anhelo su encuentro.
La satisfacción de la saciedad: mecanismo descompuesto.
Silenciosa
como huésped amable, habita en mí para sembrar el temor y la vergüenza.
Cuando
debería ser un placer encumbrado en el nivel más alto del goce,
sin endorfinas de por medio
—satisfacción pura—,
para mí es motivo de vergüenza.
Mi
saciedad me trastorna, me reta.
Desearía poderme saciar con dolor y lágrimas,
que el estómago estuviera lleno y sin demandar alimento.
Comer es transgredir.
Es un pecado condenado desde hace siglos,
—aunque haya sido por un dios que se transmuta en pan y vino.
Soy
un número: estadística.
Las operaciones matemáticas pertinentes me colocan en un cuadro alarmante
que me convence de ser un error en el mundo.
A solas me duelo por las veces en que me he sentido satisfecha.
(La
soledad se parece a la saciedad,
es igualmente individual,
incompartida).
Una voz dentro de mi cabeza es el juez.
He hecho mal.
No merezco la saciedad.
Los gordos no merecemos la saciedad.
De: “La
costumbre del vacío”
