lunes, 10 de julio de 2023

ROBERTO ECHAVARREN

 

 

 

 

HOY EN LA PUESTA de sol vi un anillo verde y dentro del anillo verde casi enseguida un círculo rojo, el círculo se elevaba entre las nubes como un balón y desaparecía, y al rato volvía a surgir abajo, el anillo verde era menos visible, y el círculo rojo volvía a subir, supongo eso era el movimiento del ojo o tal vez del párpado, y voluntariamente podía fijarse, quedarse quieto unos momentos. ¿Era este el rayo verde? No era un rayo, era un anillo. Y lo visible es un símbolo del corazón del mundo en el corazón de las cosas. Del corazón enterrado en la estación. No tiene sentido salvo en virtud del afecto. De lo vivo en nosotros.

Lo visible el radar de nuestros sentidos que nos orientan en el campo de las materias y las energías a la vez son índices de otra cosa, ínsita en lo visible pero invisible. El mágico espectáculo del mundo que nos maravilla como hoy es apenas la membrana de nuestra visión y el respiro del aire y en todo eso un reverso, otra cara, la energía que nos transita y que no es visible en sí, una energía que unifica, mientras lo visible (lo sensible) separa. De ahí la tensión entre lo uno y lo múltiple.

 

 

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