HOY
EN LA PUESTA de sol vi un anillo verde y dentro del anillo verde casi
enseguida un círculo rojo, el círculo se elevaba entre las nubes como un balón
y desaparecía, y al rato volvía a surgir abajo, el anillo verde era menos
visible, y el círculo rojo volvía a subir, supongo eso era el movimiento del
ojo o tal vez del párpado, y voluntariamente podía fijarse, quedarse quieto
unos momentos. ¿Era este el rayo verde? No era un rayo, era un anillo. Y lo
visible es un símbolo del corazón del mundo en el corazón de las cosas. Del
corazón enterrado en la estación. No tiene sentido salvo en virtud del afecto.
De lo vivo en nosotros.
Lo
visible el radar de nuestros sentidos que nos orientan en el campo de las
materias y las energías a la vez son índices de otra cosa, ínsita en lo visible
pero invisible. El mágico espectáculo del mundo que nos maravilla como hoy es
apenas la membrana de nuestra visión y el respiro del aire y en todo eso un
reverso, otra cara, la energía que nos transita y que no es visible en sí, una
energía que unifica, mientras lo visible (lo sensible) separa. De ahí la
tensión entre lo uno y lo múltiple.
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