lunes, 17 de julio de 2023

ROBERTO ECHAVARREN

 

 


 

EL CADÁVER de Lautréamont, lo que hay dentro de ese envoltorio, son vidrios de colores, rotos. La rotura multiplica el color, pero en esa cámara oscura sin ventilación inundada de humedad se pudre, se pudren los materiales y caen los cascotes, y rompen el lambris del techo, con peligro de herir a alguien. El cadáver de Lautréamont es un tumor que se oculta. Es un forúnculo que no explota. Abrir el tumor es sanear: abrid esta tumba, en el fondo está el mar.
Ahora los cascotes a punto de caer pueden verse, porque se puede entrar desde abajo, rotas del tablas del cielorraso, abierta la cámara del vitral tapiado. Un vitral de líneas alabeadas con algo de Gaudí, descalabrado.
Era el último misterio de la casa.

 

 

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