Consejos
del fracasado
“Sin nosotros, no serían excepcionales,
¡oh triunfadores! Sin nosotros, vuestro mundo
victorioso, resultaría monótono y frío”.
Germán Espinosa
Asegúrate
siempre de ser el mejor perdedor.
Asegúrate
y nadie demandará tu sabiduría
ni reclaman urgidos tu amparo.
Asegúrate siempre de ser el mejor perdedor
y evitarás convertirte
en el ejemplo digno de imitar.
Si
fracasas
Eludirás los incómodos escrúpulos.
Serás siempre falible
ahorrándote la excomunión del aprendiz.
Si fracasas no conocerás la máscara
ni la servil lisonja.
Cuestiona
con escarnio,
Nunca fabriques ni siembres nada:
ni un cariño, ni una sonrisa,
ni un hijo, ni un árbol
mucho menos un libro.
Y no dejes de disfrutar descaradamente
si una gallina se traga en dos bocados
al gusano inerme.
Sé
pusilánime.
Prostérnate ante éste
y también ante aquél.
Erige gesto a gesto
un monumento al ridículo.
Apuesta
siempre al gallo tuerto y cojo
Al boxeador más desnutrido
Al jíbaro de saco y corbata
Al bacán que cambió su vida
Por un trago de aguardiente
A la puta vientre de llanta
Al desesperado que huye en la moto
Dejando a sus espaldas
un reguero de amargura
Al traficante de esperanzas
que nunca dice lo que piensa
Al sepulturero feliz entre los infelices
Al mercader de calificaciones
—él te garantiza la inutilidad humana—
Al ángel negro y aterido
guardián de la noche en los pretiles
Al desgraciado que aplaza
desde una sonrisa
Hasta una cópula con ternura.
Sácale el cuerpo a la alegría.
Que sea tu única ley la anarquía.
Nada más honesto
seguro y confortable que el fracaso.
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