Amaneceres
Cuando
el día empieza a nacer,
y el sol ofrece sus primeros rayos,
me gustaría mirar con afán los arroyos,
las lágrimas y el sudor
que lleva muy dentro, en sus entrañas,
la montaña.
Permanecer así, por mucho tiempo,
queriendo olvidar el tormento
para no sentirme tan herida;
envidiar el ave que vuela,
libre en el firmamento,
y gritarle: ¿Por qué?
Y es por esto
por lo que yo me lamento.
Sí… luz divina del día,
luz que alumbra el sendero:
amanece en la tierra mía
para amarte
como la noche al lucero.
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