HAY
QUIEN PROTEGE a la poesía
cuando la poesía está tan vulnerada
radicalmente, en su raíz
sin raíz –eso no era una planta
se mueve desde el comienzo recién nacido
así, sin grito pero con grito
un grito sordo atraviesa de punta a punta
recién capullo, renacuajo —cosas de orilla—
grajo y vencejo —cosas de orilla de cielo
en ramas de abeto— esos sí gritan
la vulva de una amante decidida, su sexo
cuando el pudor suelta su vaho
atraviesa la Edad Media, el Renacimiento
ese resplandecer del cuerpo a mediodía
después de una tormenta nocturna que gotea en los huesos
asonantado —aunque menos—
suena a haber estado
De:
“Reversura”
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