jueves, 20 de julio de 2023

DAFNE BENJUMEA

 


 

DILUVIA EL DÍA en pequeños copos de sol
(brillos acelestados, pronombres caídos, salvajes
sobre la tierra). Se cubrió
el campo de azules y magentas,
no nieve no agua no mar en los verdes amazónicos
en hogar del zodiaco.
Se compone el himno:

        un ventanal lejano entre lo aéreo y lo fogoso
        un timbal de futuro (fraternal invierno)
        sedoso reverbera el cerezo abatido

El rasgo astral de primavera demora
su salida, animales alzan sus orejas,
nacen del vientre.

        Realmente

Diluvia la tierra en pequeñas dagas veloces dagas verdemar.
Alumbró la noche finas esmeraldas,
sí hierba sí árbol sí flor en hogar del zodiaco.
Se compone el himno:

        un aluvión de senderos en atlas descosido
        una apertura al origen (difuso verano)
        sensible reverbera la luna selvática

El rasgo astral de primavera se conmueve,
animales alzan sus orejas,
vibran el vientre.

        ¿Por qué?
                    ¿por qué todas las revoluciones provienen del cielo?

Un lince o carpa o niña observa
cómo los mensajeros se descuelgan del cosmos.

Quieren saber 
                          del bosque
sus secretos,
              buscan del bosque
sus secretos,
alguna explicación de manos grandes,
blanco lechuza, gemido o redención,
resolver misericordiosamente (y en voz baja)
el conflicto de mil océanos.

Pudieron cambiar el sentido                                       y lastimar a sus reinas.
Pudieron entrar en silencio                                         y llevárselos a todos.
Pudieron permanecer para siempre                          “siempre”.

Pues quieren tocar,
        solo saber:

                        ¿Por qué todas las revoluciones provienen del cielo?

Todos los días
llaman a las puertas del mundo.

Una anciana de piel durazno, caimán,
las abre [su presencia: el tiempo (o cómo mira el tiempo)]:

― ¿Qué queréis?
― la h.
― ¿Qué sabéis?
― la x.
― ¿Algo más?
― Que salgas a jugar.

Eléctricas
                rugientes
                            ágiles
                                            sus risitas.

Desaparecen sobre la sierra
como un brillo de su lago.

Y aquellos copos en el fluido entienden de fe.
Y el copo más luz que agua entrega
su cuerpo (transformaciones).
Unos ciervos que lo oyen, beben, dan fe.
Templados se asemejan a lo incierto, muy despacio
acarician las estrellas con sus astas,
ellos tan ellos que duermen.

Palpitan corazones o es el cielo.

[…]

  

De: “Desde la hierba”

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