DILUVIA
EL DÍA en pequeños copos de sol
(brillos acelestados, pronombres caídos, salvajes
sobre la tierra). Se cubrió
el campo de azules y magentas,
no nieve no agua no mar en los verdes amazónicos
en hogar del zodiaco.
Se compone el himno:
un
ventanal lejano entre lo aéreo y lo fogoso
un timbal de futuro (fraternal
invierno)
sedoso reverbera el cerezo
abatido
El
rasgo astral de primavera demora
su salida, animales alzan sus orejas,
nacen del vientre.
Realmente
Diluvia
la tierra en pequeñas dagas veloces dagas verdemar.
Alumbró la noche finas esmeraldas,
sí hierba sí árbol sí flor en hogar del zodiaco.
Se compone el himno:
un
aluvión de senderos en atlas descosido
una apertura al origen (difuso
verano)
sensible reverbera la luna
selvática
El
rasgo astral de primavera se conmueve,
animales alzan sus orejas,
vibran el vientre.
¿Por
qué?
¿por
qué todas las revoluciones provienen del cielo?
Un
lince o carpa o niña observa
cómo los mensajeros se descuelgan del cosmos.
Quieren
saber
del
bosque
sus secretos,
buscan
del bosque
sus secretos,
alguna explicación de manos grandes,
blanco lechuza, gemido o redención,
resolver misericordiosamente (y en voz baja)
el conflicto de mil océanos.
Pudieron
cambiar el
sentido y
lastimar a sus reinas.
Pudieron entrar en
silencio y
llevárselos a todos.
Pudieron permanecer para
siempre “siempre”.
Pues
quieren tocar,
solo saber:
¿Por
qué todas las revoluciones provienen del cielo?
Todos
los días
llaman a las puertas del mundo.
Una
anciana de piel durazno, caimán,
las abre [su presencia: el tiempo (o cómo mira el tiempo)]:
―
¿Qué queréis?
― la h.
― ¿Qué sabéis?
― la x.
― ¿Algo más?
― Que salgas a jugar.
Eléctricas
rugientes
ágiles
sus
risitas.
Desaparecen
sobre la sierra
como un brillo de su lago.
Y
aquellos copos en el fluido entienden de fe.
Y el copo más luz que agua entrega
su cuerpo (transformaciones).
Unos ciervos que lo oyen, beben, dan fe.
Templados se asemejan a lo incierto, muy despacio
acarician las estrellas con sus astas,
ellos tan ellos que duermen.
Palpitan
corazones o es el cielo.
[…]
De: “Desde la hierba”
No hay comentarios:
Publicar un comentario