Los
dioses se fugaron de las islas
Buscas
en Roma a Roma ¡oh peregrino!
y en Roma misma a Roma no la hallas
Quevedo
Unos
querían vivir el rumba rumba, el tango, el ajetreo de aquellas largas horas
donde los parroquianos se regocijaban.
Otros
querían volver al bendecido sol de algún verano que ya no tiene nombre y sólo
podemos recordarlo como aquél: el verano magnífico de nuestra plenitud.
Todo
está detenido acá en los riscos, suspendido en el tiempo de las medallas:
Los
dioses se fugaron de las islas y en su sitio —me dicen los fuereños— ha quedado
el censor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario