Tarde
de ovejas
A Louis Denise.
La
mancha de sangre desaparece en el horizonte de aquí.
La gota de leche aparece en el horizonte de allá.
Hombre
simple que se disipa en la flauta y cuya prudencia tiene la forma de un perro
negro, el pastor desciende la adolescencia de la ladera.
Lo siguen sus ovejas, con dos pámpanos en lugar de orejas y dos racimos en
lugar de ubres; lo siguen sus ovejas: viñas ambulantes.
Tan puro el rebaño que en esta tarde de estío parece que nevase sobre la
llanura infantilmente.
Esas pequeñas cajas de vida pastaron allá arriba en las cazuelas y vuelven a
bajar repletas.
Mis
deseos también, estimulados por la flauta de la Esperanza y el perro de la Fe,
subieron esta mañana por la colina del Misterio; y más arriba subieron que las
ovejas de mi aldea las ovejas de mi alma.
Pero la estrella perfumada, en medio de la llanura de jacintos, incendió los
dientes ávidos que querían desabrochar su blusa fértil.
Es por eso que mi rebaño sutil, a la hora del ángelus, vuelve a entrar en mí
mismo con los flancos desesperados.
Las
ovejas están en el redil y el hombre simple se va a dormir en medio de su
flauta y de su perro negro.
Versión
de Miguel Ángel Frontán.
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