La inmersión de Safo
y el nombre de las cosas que es mentira y es caridad
Claudio Rodríguez, desde Juan Andrés García Román
1
Safo
se dobla sobre sí misma
hasta abrazar sus piernas flexionadas.
desde atrás, su espalda es un arco de cerezo
un
exoesqueleto dorado
a punto de eclosionar.
2
El
verano en que pisamos la Costa Este
las radios emitían constantes avisos sobre la próxima salida de las
cigarras.
no
teníamos los veinte, y durante dos segundos nos pensamos
prácticamente hermanas
de mil millones de parásitos subterráneos
de ojos rojos
adheridos a las raíces de los
árboles durante diecisiete
años
conteniendo el titilar de la
vida durante
diecisiete años
vivos aún gracias al jugo de esas mismas raíces.
y por encima, quien sabe, a tres o cuatro cuartas de nuestro escondite
niños rodando hasta conseguir un cuerpo
por encima,
la persecución constante de la luz y las sombras
por encima,
las cosechas y los golpes de azada de varias generaciones.
3
dime,
cuando las cigarras emergen de la tierra, ¿qué encuentran?
nenas trenzando talos de anís
para hacer coronas,
humus y árboles frutales,
la belleza de las insinuaciones.
luego
despliegan unas
alas
con brillo celofán
y adquieren la forma adulta.
diecisiete años en las raíces, un mes bajo la luz solar.
la
poeta resplandece,
exiliada en Siracusa.
4
Safo
escribe:
pero una especie de deseo tiene poder sobre mí
morir y observar desde las alturas
el rocío en las flores de loto a las orillas del Aqueronte.
Safo
escribe y arquea la espalda.
pero
el estado del papiro nos impide saber
si está por anticiparse a la blanca roca de Léucade
(desde la que se lanza al mar en todos los lienzos del XIX)
o la caída —case imperceptible—
de las crías de cigarra desde los árboles,
rebotando
sin eco
hasta
enterrarse.
De: “Atlas”
Versiones del gallego al español
por Diego Gómez Pickering
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