Regreso
Encuentro
junto a las macetas del muro
la taza azul que Raquel lleva días buscando.
De repente, la brisa acaricia el pelaje de la arboleda
y trae a mis pies la voz de la hija pequeña de los vecinos,
que canturrea una canción en un idioma inventado.
Los
avellanos se estremecen,
los perros del pueblo ladran.
Y ya
está aquí la certeza de haber regresado,
cuando no sabía que me hubiera ido.
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