viernes, 11 de septiembre de 2026

ARÍSTIDES LUIS

 

 

 

La sal

…todo concurre al polvo pariente de la sal, pero la sal perdura.
Gonzalo Rojas

 

No puedo sentirme pronunciado,
me falta la sal para nombrarme,
para entrar al hueso
con los arrojos con que esa pequeñísima blancura
penetra el mar para endurecer sus venas,
no me sabe el mundo,
me falta el olor a leña
de una estufa a fin de año
y el pan de la tía al centro de la mesa,
los muebles recién pintados
porque el abuelo llegó antes
que nosotros para prepararlo todo,
veo en mí un lugar que me abandona
al toque del agua para evaporarse
y dejarme tan a solas que ni conmigo mismo,
como el ansia por un trozo de animal
en la lumbre dorándose
y la angustia de un bocado.

Me faltan mis abuelas,
sus lechos de croché
con olor a lirios,
las novelas de Benavides
que leían los tíos
y los casettes de Pedro Infante
con que mi madre
intentó inculcarme el canto,
ahora queda el polvo en la cornisa
a punto de saltar
como hacen a su tiempo
todos los seres.

También los recuerdos
dejan su sal en alguna parte
y no la encuentro. 

¿Por qué no aprendí de mis ancestros
la carpintería, las artes de la siembra
o las recetas para noche buena?

El abuelo abre la tierra
a lo lejos, aún lo veo
con su cerveza en mano
y el sudor seco en la frente.
Saca uno de los corazones de la tierra
aun latiendo,
un corazón humeando
y su carne desmoronándose
entre jugos, desprendiéndose
de los pómulos
como si huyera del hueso
hacia nuestra mano,
como debe ser.

El olor nos congrega,
es un olor para habitar el mundo,
para abrazar la dentadura abierta
del animal de nuestro pueblo,
los ojos vacíos de una res descarnada,
su esqueleto delicioso,
sus colmillos
llamándonos
a la mesa.

Nadie dice nada,
mientras quede en el plato
un bocado de esa carne.

Lo que diéramos por un puñado
de nosotros mismos,
morder el mineral del mundo
directo de la mano
para escaldar la lengua
con su sazón inabarcable,
escribir al igual que el mar
cuando devuelve a sus ahogados.

Me falta la sal, rotunda y como es,
la lágrima que es sólo lágrima,
la sangre que es sólo sangre,
que son nada sin la sal,
sin el quimismo de la tierra
y su rumor salobre,
quedan para mí sólo pedazos,
partículas, ceniza y polvo

en todas partes,
todos primos de la sal,
nunca ese místico cloruro
con sabor idéntico al llanto
y a la sed. 

Tengo este oleaje en la cabeza
llena de motivos insípidos
y sin poder repasar un poco
con la lengua
esa sazón
que rememora.

 

De: “Cuadro azul sobre fondo de nada”

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario