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Si
fuera cuestión de paciencia,
hace milenios hubiera producido un desastre natural
que exterminara a los hombres.
No es paciencia porque cualquier paciencia ya hubiera reventado.
Yo no tengo paciencia.
Es cuestión de curiosidad.
Soy Dios, pero soy curioso.
¿Acabará primero el hombre con el mundo
o será la naturaleza que acabe con los hombres?
Entonces bastará una escasez de agua dulce,
o tal vez una ola de calor
para que se vayan aclimatando a la temperatura del infierno.
De: “Conversaciones
con Dios”
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