Santidad
de la tierra
que
cría los cuarzos
como cría nuestro amor
en inaguantables presiones
desencuentros
para destellar tornasol
carcomido después
diamante leproso
En
las mañanas
me siento ante una mesa infinita
con el cuaderno abierto
y escribo versos que no son versos
parecieran más bien tiras de piel
huesos vísceras palabras de infierno
echados a volar a un viento inmóvil
Estar lejos es como estar muertos
Pero vives
me aprisiona el blancor de tus manos
y clamo como el divino Herrera
vuelve tu luz a mí, vuelve tus ojos
antes que quede oscuro en ciega niebla
Vida
de nadie
diástole sístole
ola del corazón dormida en luz helada
Afuera llueve adentro llueve
El agua borra los colores de la infancia
Es la caÍda
cuchillo clavado
en la espesura de los aires muertos
Vos y yo semejantes próximos
frente al espejo que reprocha
la miseria del amor huido
Fue por un instante
hoguera mínima
en extensos pajonales donde la vida
es insecto lobo comadreja garza
CaÍn y Abel Pandora Prometeo
Ciego tacto
Luego matamos amor juntos trabados
Con lenguas brazos pies y encadenados
Sintiendo la muerte en jaula viva
Cabezas sin tronco extremidades dispersas
amor las suelda y las consume
en frio fuego
olvido
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