domingo, 30 de julio de 2023

EDGAR LEE MASTERS

 


  

Isaiah Beethoven¹

 

Me dijeron que tenía tres meses de vida,
Y me fui a refugiar a Bernadotte
Donde pasé horas junto al molino
Cuyo manso cubo de agua, amotinado en lo profundo,
Lucía inerte: ¡Ah, ese eres tú, Mundo!
Eres una expansión en el río
Por la que asoma la vida, en la que nos alborozamos
Al reflejarse en nosotros, y así nos damos al sueño
Y retiramos la vista, pero al rastrear
De nueva cuenta la cara, miramos las tierras bajas
Y los andrajosos álamos al tiempo que derivamos
Hacia lo más amplio del arroyo.
Pero en el molino las nubes almenadas
Se reían de sí mismas sobre el agua enervante;
Y sobre su superficie ágata por la noche
Tuve bajo mis ojos la flama de la luna,
En medio de un bosque de calma estremecido
Por una flauta en una cabaña sobre la colina.
Cuando al fin me tendí en la cama,
Débil y apesadumbrado, en el cerco de los sueños,
El alma del río ya estaba en mi alma,
Y la fuerza congregada de mi alma se movía
Con tal rapidez que parecía dormir
Debajo de ciudades de nubes
Y bajo las esferas de mundos plateados y volubles.
Hasta que vi un destello de trompetas
Sobre las almenas por encima del Tiempo.

  

Versión de Antonio Saborit.

 

1.- Se trata de una tentativa por interpretar la Quinta sinfonía: el triunfo del Alma sobre el Destino. Hace poco la escuché tocada por una dama en una casa en la que habíamos cenado, y me impresionó tanto su afirmación que de inmediato escribí “Isaiah Beethoven”. [Tomado del NYT, Abril 4, 1915. N. del T.]

 

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