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Me
va tomando confianza. Anoche me preguntó Dios: ¿si tú fueras Dios, estarías
contento?
Déjame pensar una respuesta, le propuse, y Él, que es eterno, me reprendió:
No te olvides que te leo la mente, miserable criatura. Si mientes por
complacerme, lo sabré.
Le contesté: entonces no tienes que preguntarme, porque ya sabes la respuesta.
No es fácil ser Dios, dijo hablando con él mismo y yo como mero testigo, todos
critican el mundo pero nadie
tiene propuestas.
Te quejas, Dios mío, te quejas y es evidente que no te duele en ninguna parte.
Entonces Dios se fue y sólo volvió a conversar conmigo mucho tiempo después.
De: “Conversaciones
con Dios”
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