NUESTRAS
ANCESTRAS EN COMÚN son las sirenas, así lo anticipaba en 1947 el padre Jean
Fontana, discípulo del paleontólogo Albert de Lapparent, cuando descubrió en la
Alta Provenza de los Alpes franceses los esqueletos petrificados de unos
híbridos mitad humanos, mitad peces. El descubrimiento fue ocultado por las
autoridades eclesiásticas ya que se trataba de un cuestionamiento sobre el
origen de la vida. El padre Fontana siguió con sus investigaciones, pero jamás
pudo hacerlo público, pues advertía que su descubrimiento evocaba a la forma
mitológica de las sirenas, calculándole a los fósiles unos dieciocho millones
de años y ubicándolos en el periodo del Mioceno. Aturdido por la orden de
callar se jubiló de sus clases en el Petit Seminaire de Digne, y murió de forma
extraña en 1955, sin saber que le darían su apellido al eslabón perdido de la
especie.
De:
“Variación de la escama”
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