"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
domingo, 13 de septiembre de 2026
YELITZA RUIZ
EN
EL PUERTO SE ACOSTUMBRA a trenzar a las mujeres para que las lluvias
lleguen, pero no inunden, es una sana costumbre tejer los cabellos como las
sirenas hacen con el agua. Aprendimos a tejer la angustia y la calma en cada
madeja, en cada rizo rebelde que intenta escapársele al cráneo. Cuando la
trenza se afloja la brizna está cerca y tantea mejor la ovulación de las palmas
que verdean el frescor de la casa avisando la mejor hora para criar peces. Las
niñas que nacimos con rizos sabemos que nos esperaban desde antes, que nuestra
madre nos tejió en cada hebra, somos niñas pensadas, conjuro de nuestras
abuelas pez que desde la mar amarraron la ofrenda. Por eso calmamos la sed con
el sudor chilate del cacao serrano, y hablamos el idioma del océano, dejando
algo de él en cada trenza que se teje en tierra firme.
De:
“Variación de la escama”
ARÍSTIDES LUIS
Ryuichi Sakamoto conversa con un piano ahogado.
O sobre la música que compuso con el piano encontrado
después del tsunami
5.
Estudio sobre el piano de Tohoku (por
Ryuichi Sakamoto)
Morirás, seguro que morirás.
La canción de tu cadáver es imposible.
Mira de nuevo el piano.
Nada como el producto de la industria,
de la delicada pincha de un tallo,
de la pluma sobre la cuerda
al duro martillar sobre el acero,
escucha el percutir de su ambivalencia.
¿Cómo reconstituir su forma,
tan armoniosa y bella,
su pervertido cordal, su falsa dulzura?
En clases apunté esta frase,
estaba inscrita en la tapa de un viejo clave:
Musica dulce laborum lavamen.
La música hace el trabajo llevadero.
Hoy mi trabajo es morir;
los horarios del medicamento, las citas para el diagnóstico:
¿cómo va muriendo?
Bien, encontré un piano.
Un piano roto de los bordes,
como si se hubieran roto en él
todos los claves,
todos los neobarroquismos,
la obscenidad de la belleza
con que la música se engaña a sí misma.
Escucho esta eclosión de células muertas
en mis pulmones, mi cuerpo
igual a la perfección en las calles de un cadáver,
la intricada partitura de un sonido en vano.
Un Steinway & Sons relincha
su decadente melodía en la antesala del agua,
cayendo junto al horizonte del mar
que lo devolvió como una perla oscura.
Me lloro a mí mismo en este cascajo,
porque veo en su infancia
el rescoldo de lo que fue el timbre perfecto y lujurioso de su canto,
la perfección con que se contiene la música,
la perfección, como la voracidad de una bala
o una descomposición de átomos,
la ciencia que no tengo,
la misma que nos calla
cuando queremos que la escritura
encuentre el ritmo
de la silenciosa vulgaridad de la vida.
Me falta todo, su cuerpo es la asfixia de los bosques
y en él escucho esta negra Sonata opus ak-47
disparando a la tierra para redondear su hechura.
Mírate en este cadáver, eres tú, Ryuichi.
Hay agua de un negro mar azotándote en silencio,
encallas desde dentro, terco, sutil naufragio.
¿Acaso ves aquí la madera prensada,
el acero rebanado y limpio,
las toneladas de fuerza para moldear al árbol,
para endurecer cada cuerda en su tonalidad precisa?
El árbol es obligado a moldearse para nuestro oído,
la industria humana de convertir lo sublime en adorno,
de ignorar su propia enfermedad.
Mira, el piano requiere ser afinado.
Decimos que desafina, pero esto es impreciso,
la materia lucha por volver a su estado natural.
Mira con cuidado en la música,
morirás seguramente,
tu cuerpo llegará, también,
a la misma costa, roído,
con la sal rebanándote el pecho,
serás, en el azul dormido
donde guarda silencio el agua,
igual a un piano azotado por el tsunami,
y ése será tu canto.
De:
“Cuadro azul sobre fondo de nada “
SOFÍA OCHOLA CHÁVEZ
¡Contigo!
Ahora,
quiero enlistar cosas con las que me puedo drogar,
será lo único que haga durante un mes completo, o algo así.
Me
voy a drogar con telarañas, leyendo a Juan Gelman,
me voy a drogar con discos compactos hechos polvo,
me voy a drogar con hilos de plátanos desecados,
me voy a drogar con amapolas, escuchando Octopus,
me voy a drogar con el trasero de tu hija, inhalando coca,
me voy a drogar con nuez moscada, mirando tus ojos,
me voy a drogar con televisión de los 90’s triturada,
me voy a drogar con tus poemas y tu voz de niño,
me voy a drogar con paracetamol y casi moriré de sobredosis,
entonces comenzaré de nuevo, pero sin escalas,
me drogaré con cadillacs color rojo, contigo,
me drogaré con revólveres y pólvora, contigo,
me drogaré con peyote, y te besaré los testículos,
me drogaré con LSD, y te lameré los ojos,
me drogaré con leche en polvo, y te amaré,
me drogaré con dextrometorfano, y te acariciaré
me drogaré con paracetamol, por si me dueles,
me drogaré con aire comprimido, y te susurraré:
Los
mejores poemas que algún día escribiré.
Buscaré
las palabras más bonitas durante el jurásico,
encontraré al eslabón perdido, y volveré a la cama.
Ahora
enlistaré cosas que siempre he querido hacer,
será lo único que haga durante un mes completo, o algo así.
Saltar
de un avión sin paracaídas, leyendo a Enrique Lihn,
aprender a bailar salsa, bailar contigo y quedar
hechos polvo,
romper todas las constituciones del mundo
y hacer presidentes desecados,
tener un hijo que no vaya a la escuela
y viva escuchando Evil Eye,
robar en todos los supermercados, inhalando coca,
despertar todas las mañanas, mirando tus ojos,
asaltar a un antílope con una pistola triturada,
dormir siempre escuchando a mi lado tu voz de niño,
drogarme por siempre y casi morir de sobredosis.
¿Entonces
comenzaré todo de nuevo, pero sin escalas?
De:
“El cielo detrás”
MIGJENI.
Los
hijos del nuevo siglo
Nosotros,
hijos del nuevo siglo,
que
al viejo dejamos en su «santidad»
y
alzamos el puño para luchar
en
nuevas contiendas
para
triunfar…
Nosotros,
hijos del nuevo siglo,
retoños
de una tierra anegada en llanto,
que
el sudor de su frente vertió en vano —
pues
nuestra tierra fue bocado extranjero
que
pagó caros sus desvaríos y desaciertos…
Nosotros,
hijos del nuevo siglo,
hermanos
y en la aflicción ungidos,
cuando
suene el instante supremo
y
lisonjero
decir
sabremos:
No
queremos perdernos
de
la historia humana en su sangriento juego,
¡no,
no!, perder ya no debemos —
¡la
victoria queremos!
¡Victoria
de conciencia y libre pensamiento!
No
queremos por mor
de
la vieja inmundicia que la «santidad» busca,
seguir
hundiéndonos en el pantano de la miseria,
seguir
plañendo la aciaga cantinela,
el
monótono canto, desganado, de esclavos —
ser
aguijón hendido en el cerebro humano.
Nosotros,
hijos del nuevo siglo,
con
empuje y ardiente entusiasmo,
a
nuevas lides habremos de enfrentarnos
y en
pos el triunfo, reos ser de martirio.
De:
“Versos libres”
IMANOL GÓMEZ MARTÍN
Penélope
Hilo
a hilo teje en la rueca del destino
el
poema que no ha de ser escrito.
Letra
a letra se funde con el polvo
y en
la noche milenaria desteje
sus
arrugas en la génesis de una palabra
para
iluminar la página que se repite
al calor
de una quimera.
De:
“Taller de ausencia”
MARÍA ANTONIETA FLORES
perfecta
gema entre los dientes
engarce
luz
aguda como el punzón
en
cada poro se dilata la miel
bajo
la ceniza
en
hora descontada a la muerte
unir
el borde de las uñas al temblor de la nuca
entrar
en los ojos
y
cerrar los párpados
adentro
todo se resquebraja
vencido
el
hueso
la
voluntad
deshecho
el éter
amanece
blanco
más
blanco
entre
la luz que rompe
ahí
el quejido
una
prolongación del destierro
regresados
los cuerpos
De:
“absoluto”
sábado, 12 de septiembre de 2026
YELITZA RUIZ
PARA HACERNOS DE TU BRIZNA hay que dejar flores y azúcar en tus bordes,
Mamayuka, dulcear la laguna para agradecer la crecida de los pastos, las
rollizas canillas de las yeguas. Carameleamos en tu nombre todos estos valles,
pero a veces no sabes cómo defenderte de los que quieren vaciar tu casa en
busca de oro. Dinos, Mamayuka, cómo te escondemos a ti y a los duendes que te
cuidan del minero que las ronda, cómo cubrimos tu escama, madre agua.
¿Cómo
hacer para cuidarte?
Si
nuestros días penden de sus rifles.
Ellos no saben que el oro no rinde, que no se bebe.
Dales el entendimiento,
regálales un verano que les recuerde que también somos agua.
De:
“Variación de la escama”
ARÍSTIDES LUIS
Ryuichi Sakamoto conversa con un piano ahogado.
O sobre la música que compuso con el piano encontrado
después del tsunami
1.
El cuerpo de un piano ahogado
Como un animal de origami
barnizado por la sal del naufragio,
el cadáver de un piano deshace tus manos, Ryuichi,
tus manos salobres, quebradizas.
Intentas recomponer poco a poco su canción
acariciando el acero cabizbajo de las cuerdas,
la tristeza de sus martillos.
Repasas con una pequeña melodía
la línea del mar en su costado.
Montas el agua sobre su lomo,
escuchas su tapa azotándose
como herrumbre vieja,
como las costeras de Tohoku,
las notas ocultas del desastre
y el crujir de una flor seca bajo el agua,
miras los pedazos de su bastón
como una pierna reventada
por una mina en el campo de batalla.
Eres, Ryuichi, la noche de su música.
De:
“Cuadro azul sobre fondo de nada”
SOFÍA OCHOLA CHÁVEZ
Lo
que quedó de los noventas
Bob
Ross
pinta en mi cara un paisaje
de árboles magullados
envueltos en una perfección pétrea.
Mandela fue elegido presidente,
una y otra vez,
hasta que se hizo un monstruo,
una dictadura autodenominada como mandelista,
pero eso solamente fue un mal sueño de Colosio,
justo antes de morir.
Bob Ross decía que era sencillo,
con esa voz en español súper-puesto,
y ese afro que podía haber sido una vagina.
Mi cara seguía fresca,
obedecí a un impulso incomprensible,
encendí un cigarrillo y busqué mis nervios,
mi estrés y estreñimiento,
en un tipo de depresión generacional,
inconexa en internet.
Terminé refugiada,
en una luz azul neón,
con cigarros y cervezas,
buscando a Ren y Stimpy,
recordando cuando niña,
me masturbaba mirando
algún capítulo al azar.
¿Por qué Ren y Stimpy me provocaban?
Quizás lo grotesco,
quizás las groserías aisladas,
quizás el poder revitalizante
de ser una caricatura
que podía hacerte sentir
el aroma de la pestilencia
y la ineptitud de unos brutos.
Me tiré la cerveza encima
y Bob Ross entendió
que los paisajes perfectos
eran lo más triste del mundo.
Ofreció, sin duda alguna,
hacer una pinturita de Minnie Mouse,
a lo que uno se niega, por pura dignidad.
Tomé la última botella llorando fuerte
con conversaciones sin sentido, pero
con una pequeña sonrisa de satisfacción
pasando entre mi generación
—el lugar más solo para llorar
o llevar a cuestas tus problemas—.
Mis pasos se van quebrando
y sigo diciendo que tengo un sueño,
algún sueño en algún lado.
Muevo la toga, y aviento el birrete
entre toda mi generación,
en la ciudad de los sueños rotos,
en lo que quedó de los noventas.
*
Prefiero
ser un chicle de clorofila
en el hocico de cualquier vago.
De:
“El cielo detrás”
MIGJENI
Blasfemia
Flotan
mezquitas e iglesias en nuestros recuerdos,
en
sus muros se estrellan plegarias sinsentido
que
partirle el corazón a dios no han conseguido,
pues
continúa, entre tambor y campana, latiendo.
Mezquitas
e iglesias suntuosas en zonas miserables…
espadañas
y alminares sobre nuestras barracas…
voces
del muecín y el cura, su canto deleznable…
¡Oh
pintura ideal, antigua, milenaria!
Flotan
mezquitas e iglesias en mentes de creyentes.
Los
tañidos se enredan con la voz del pregonero,
sobre
sotanas y barbas de hoxha la virtud resplandece.
¡Oh,
cuántos bellos ángeles a la puerta del infierno!
En
milenarios castillos posan cuervos doloridos,
con
las alas abatidas — seña de desesperanza
hablan
de tiempos de antaño con angustiosos graznidos,
cuando
los viejos castillos de contento fulguraban.
De: “Versos
libres”
IMANOL GÓMEZ MARTÍN
Maldito
poeta
Oficio de suicidas, intentar retener
la huella de la luz en sílabas de sombra.
J.L. Panero.
Avanza
buscando su nombre
entre
los cadáveres olvidados de la poesía.
Avanza,
de memoria, sobre versos antiguos,
vivencias
de otras álgebras del sueño,
quiromancias
poéticas,
vitales
sin medir su alcance
que
le hacen caer rodilla en tierra de nadie
porque
su hogar es la nada que aconseja
el
desalojo del poema,
su
morada es mentira de figura literaria
que
le arropa y hiere,
porque
su palabra es ceniza
y en
realidad no avanza,
sólo
el sueño le acompaña hacia su muerte.
De: “Taller
de ausencia”
MARÍA ANTONIETA FLORES
aquí
se cuenta cómo surgen los aretes en la fragua
has
bajado brusca sobre el incendio
con
un anillo de luz que te ha atado
a
otro
tu
opuesto deslumbrante
gimiente
muerdes
los deseos
en
aros retorcidos
por
tu quebranto
inútil
ha
sido el rostro de muchas memorias
y
solo giras en la espiral de las posturas
que
transforma el mundo en un relámpago lento
tal
vez lentísimo
inadecuado
para la superficie de un planeta
has
quemado
la
sal y tus uñas
mientras
encontrabas la abertura
más
abierta
el
ángulo inesperado
mordido
en
el arranque de un sonido nuevo
brotado
de tus entrañas
enrojecidas
porque
se han encajado
en
presente continuo
y
cada bocanada que exhalan tú y él
son
noches primitivas sin fuego
ni
luna
te
retuerces en tu gemido
se
retuercen en las membranas
del
cielo
único
lugar que se abre como tempestad
y
casa
no
hay casa permanente
ni
temblor que no raje la tierra
los
nuevos acantilados
De: “absoluto”
viernes, 11 de septiembre de 2026
MOSAB ABU TOHA
Una
postal en blanco
A mi hermano Hudayfah (2000 – 2016)
Miro el calendario. Es 13 de octubre. Hace ocho años que falleciste. El marco
que asedia al número 13 me recuerda una tumba, la página del calendario en la
pared a un cementerio, el muro blanco a un sudario que envuelve la Patria y mi
habitación a un ataúd.
Aún
no sé dónde está tu tumba. Nunca la busqué, a pesar de que el cementerio queda
a cinco minutos andando de casa. Cada vez que te me apareces en sueños es como
recibir una postal en blanco. ¿Quizás me pides que te escriba una carta? Pero a
dónde la envío si no hay cartero que aparezca por mi calle.
Si
te sirve de consuelo, nunca puse pie en el cementerio desde tu muerte. Solía
pasar por enfrente de camino al gimnasio durante mi adolescencia.
Estamos
en 2024 y el cementerio en el que estabas enterrado ha sido arrasado por
excavadoras y tanques israelíes. ¿Cómo podré dar contigo ahora?
¿Encontrarán
mis huesos los tuyos a mi muerte?
Versión de Diego Gómez Pickering
De: “Forest of Noise”
EDUARDO MILÁN
POESÍA=AMBROSÍA
alimento de otra época que sobrevivió
inútil, distraída, porque importa poco
poesía=ambrosía
gustaría un tiempo conectado con el néctar
ambrosía en la boca y en las narinas éter
lo que da una palabra inaprehensible: inmortal
inaprehensible, condición libre de toda palabra
que no sea mortal, cárcel, Establecimiento
de Reclusión Penal Militar No. 1
estaba poesía desde antes frente a un mamut
—uno quiere creer que estaba antes, siempre–
un grito, eso que se abre paso entre sangre y pelos
seguido de otro grito, algún silencio
algo —nadie sabe qué aunque decir nadie es temerario—
en la caverna helada hace sintaxis
—palabra brutalmente incrustada en ese tiempo
estalactita, otra que se incrusta desde arriba
con lo que pueda recordar amor gotea
pero ambrosía, lo que se dice ambrosía
cojea, se
balancea de un lado a otro del árbol del ahorcado
—Villon, que escapó al péndulo
De:
“Reversura”
YELITZA RUIZ
A MI ABUELO LE TOMÓ 83 años que el agua le llegara a los pulmones,
dócil atravesó el trópico sorteando las calores,
el manglar de la casa,
la mojarra y el bagre,
pócimas secretas del caldo de guajillo,
proteína que estiró sus músculos en cada brazada.
La frescura del ceviche apaciguó los 35 grados a la sombra,
nadar en binas evita inundaciones,
por eso te fuiste con las aguas,
un lunes a las seis de la tarde
se dejó caer el aguacero, y yo supe que te ibas.
Que te ibas con los peces que hicieron llover sobre estas tejas
reclamando tu cuerpo de atarraya,
supe que te ibas porque me enseñaste a leer la ventisca
cuando nadé por primera vez en mar abierto
y me contaste que de aquí veníamos todos,
más nosotras que podemos parir en seco y bajo el agua.
Te fuiste, abuelo, en plena lluvia, ligeramente lejos de la mar,
pero dentro de sus gotas que se reciclan en verano.
No
moriste ahogado,
la única agua que te alcanzó fue la de los bronquios
que no drenaron la sal de tu cuerpo.
ARÍSTIDES LUIS
La
sal
…todo concurre al polvo pariente de la sal, pero la sal perdura.
Gonzalo
Rojas
No
puedo sentirme pronunciado,
me falta la sal para nombrarme,
para entrar al hueso
con los arrojos con que esa pequeñísima blancura
penetra el mar para endurecer sus venas,
no me sabe el mundo,
me falta el olor a leña
de una estufa a fin de año
y el pan de la tía al centro de la mesa,
los muebles recién pintados
porque el abuelo llegó antes
que nosotros para prepararlo todo,
veo en mí un lugar que me abandona
al toque del agua para evaporarse
y dejarme tan a solas que ni conmigo mismo,
como el ansia por un trozo de animal
en la lumbre dorándose
y la angustia de un bocado.
Me faltan mis abuelas,
sus lechos de croché
con olor a lirios,
las novelas de Benavides
que leían los tíos
y los casettes de Pedro Infante
con que mi madre
intentó inculcarme el canto,
ahora queda el polvo en la cornisa
a punto de saltar
como hacen a su tiempo
todos los seres.
También los recuerdos
dejan su sal en alguna parte
y no la encuentro.
¿Por qué no aprendí de mis ancestros
la carpintería, las artes de la siembra
o las recetas para noche buena?
El abuelo abre la tierra
a lo lejos, aún lo veo
con su cerveza en mano
y el sudor seco en la frente.
Saca uno de los corazones de la tierra
aun latiendo,
un corazón humeando
y su carne desmoronándose
entre jugos, desprendiéndose
de los pómulos
como si huyera del hueso
hacia nuestra mano,
como debe ser.
El olor nos congrega,
es un olor para habitar el mundo,
para abrazar la dentadura abierta
del animal de nuestro pueblo,
los ojos vacíos de una res descarnada,
su esqueleto delicioso,
sus colmillos
llamándonos
a la mesa.
Nadie dice nada,
mientras quede en el plato
un bocado de esa carne.
Lo que diéramos por un puñado
de nosotros mismos,
morder el mineral del mundo
directo de la mano
para escaldar la lengua
con su sazón inabarcable,
escribir al igual que el mar
cuando devuelve a sus ahogados.
Me falta la sal, rotunda y como es,
la lágrima que es sólo lágrima,
la sangre que es sólo sangre,
que son nada sin la sal,
sin el quimismo de la tierra
y su rumor salobre,
quedan para mí sólo pedazos,
partículas, ceniza y polvo
en todas partes,
todos primos de la sal,
nunca ese místico cloruro
con sabor idéntico al llanto
y a la sed.
Tengo este oleaje en la cabeza
llena de motivos insípidos
y sin poder repasar un poco
con la lengua
esa sazón
que rememora.
De:
“Cuadro azul sobre fondo de nada”
JOSÉ PULIDO
Regreso
Encuentro
junto a las macetas del muro
la taza azul que Raquel lleva días buscando.
De repente, la brisa acaricia el pelaje de la arboleda
y trae a mis pies la voz de la hija pequeña de los vecinos,
que canturrea una canción en un idioma inventado.
Los
avellanos se estremecen,
los perros del pueblo ladran.
Y ya
está aquí la certeza de haber regresado,
cuando no sabía que me hubiera ido.


