Corona
El
otoño come de mi mano su hoja: somos amigos.
Pelamos el tiempo de las nueces y le enseñamos a partir:
y el tiempo vuelve hacia la cáscara.
En
el espejo es domingo,
en el sueño alguien duerme,
la boca dice la verdad.
Mi
mirada desciende hasta el sexo de mi amante:
nos miramos,
nos decimos la oscuridad,
nos amamos como memoria y amapola,
nos dormimos como el vino en las conchas,
como el mar en el rayo de sangre de la luna.
Nos
quedamos abrazados en la ventana y ellos nos miran desde la calle:
¡ya es tiempo de que se sepa!
Ya es tiempo de que la piedra se digne a florecer,
de que a la inquietud le toque un corazón.
Ya es tiempo de que sea tiempo.
Ya
es tiempo.
Versiones al español de Gerardo
Piña
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