XIX
Solemnes
sabuesos yacen sobre el arroyo y los senderos.
Las patas delanteras extendidas son espigones,
celebran la hoguera en la que devoran milenios
¿Es ámbar solamente aquella savia petrificada?
Sus
ramas dotaron de frescura a los saurios que absortos miraban la orogenia
andina.
Sus hojas flotaron a la derivan en los flujos y reflujos de milenios, en los
cataclismos que trocaron el rumbo del río Amazonas arcano
desembocando hacia poniente.
Araucarias,
entre mareas someras, que la sed tornó su madera en piedra.
La fotosíntesis aun fluye en estos tallos como una estela del tiempo convertido
en sílice.
Esta
flora petrificada cargará racimas de piedras preciosas.
Un mango de citrino.
Guabas de marfil y pepas de amatista.
Naranjillas con el vientre lleno de esmeraldas.
El
aire de entonces
¿aún palpita en estas columnas derribadas
que fueron floresta, manglar, y nido de aves a medio espiral de dinosaurio y
ave?
Bosque de árboles roca, Puyango.
Mi corazón es un fósil.
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