miércoles, 16 de septiembre de 2026

PABLO LLANOS

 

  

 

¿Sueñan los poetas con endecasílabos eléctricos?

 

Y si cansado el poeta de asombros,

de sinapsis mentales y oxímoros

descansa con un sueño cotidiano,

sencillo, de llevar en la mochila,

de declaraciones de hacienda

o calculadoras solares.

 

Un sueño de rutina, pautado,

de vez en la carnicería,

de calendario de menú semanal,

de cruzar un paso de cebra,

de reiniciar el rúter,

de echar gasolina con descuento.

 

Un sueño claro, sin interpretaciones,

en el que el ruido del motor de un coche

no sea más

que el ruido del motor de un coche

y morder una manzana sacie el hambre

durante un rato,

para engañar al estómago

y al subconsciente.

 

Un sueño placentero, de lugares comunes,

en el que el poeta pueda deleitarse

con el olor a tierra mojada,

con una mujer bella como una rosa,

con todo ha sido un sueño.

 

Un sueño de encefalograma plano,

sin cuadernos, ni lápices, ni metáforas,

ni un calambur, símil, elipsis.

Un sueño reparador, de color verde,

como todos los sueños reparadores.

 

Un sueño de cocina de aprovechamiento

que le dé al poeta la oportunidad

de recurrir a sus habilidades cuando

–por la mañana– le pregunten:

¿Qué has soñado hoy?

 

De: “Palabras de paso”

 

 

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