Atrapo
a sorbos y modulo mi cuerpo alveolando al pulgar de tu mejilla: tus manos
gruesas de dedos comidos por el tiempo: tus manos huellas dactilares: reflujo
sanguíneo hasta la punta: tus cabellos sostienen la esquina del mundo hasta tus
ojos que queman que dejan astillas en tu voz de canto grueso: tu voz de
medianoche en tu pecho que acoge al mío en tu orilla: mi pecho de alas grandes:
vocablo de mar desdibujado: unidades agrarias se refractan entre el hueso
compacto: hueso esfinge conjugado hasta la médula: el codo sostiene a la raíz
en cuarto menguante: tus labios entrecruzan mis palabras hasta tu oído.
¿Y
en qué mundo existes todavía?
De:
“Historia de la carne”
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