sábado, 5 de agosto de 2023


 

DIEGO L. GARCÍA

 

 


(Fotografía #11) Hombre sobre su propio codo

 

qué tan tarde podría ser para no abrir
la puerta de escape?
una escotilla para respirar a salvo
del suero ácido de las salchichas.
las papas se hierven en su ideal de regreso:
un cadillac hacia Las Vegas sin el grillete
de todos los prospectos de la educación.
un hígado puede reemplazarse? no lo sé.
pero es difícil mirar las estrellas con los ojos
en línea recta al horizonte.
no necesitamos pruebas. podemos
hacerlo bien con los documentales del pasado.
que dos piedras den fuego no es algo
que debería considerarse sin asombro

 

De: “Fotografías”

 

 

HILSA RODRÍGUEZ

 

 

 

La poesía pertenece al reino animalia

 

La poesía

inexorable bola de fuego

Meteorito / Pánico / Insensatez

Dueña de esta casa

Mujer observando a la vida

con alta musicalidad

con furia

desde este precipicio incierto que es la palabra

desde este sueño partido en dos

Como tantas veces lo ha sido

como tantas veces lo será

Desde el rostro negrísimo de mi padre

diciendo no te quise no te quiero

desde todo hedor repudiable del ser humano

Veneno / sustancia dolorosa

que invade y succiona los huesos hasta convertirlos en polvo

porque el pasado no regresa

Anfetaminas denme anfetaminas

y la tristeza se ha hecho carne

Desde esta posición

el tiempo es un ave

Y la poesía

Costra negra

Lagartija

Inmune a mi lengua

Extremidad / Caverna

 

 

DIRA MARTÍNEZ MENDOZA

 

  

 

Casa para la ternura

 

Yo no sabía que podía existir una casa para la ternura; un lugar para mirarse fijamente las pupilas y habitarlas, navegarlas, recorrerlas enteras, profundidades remotas.

Hacernos dulzura infinita, construirla. Me pides te escriba mi nombre en la piel, un trazo, una onda expansiva al escribirte peces y constelaciones, nébulas, cometas, mapas celestes; camino seguro, no perdernos en el  reencuentro. Hay una brújula en esta casa para la ternura, no sabemos a dónde vamos, brújula nos dice por dónde seguir: somos nosotros ardiente astrolabio. Azules cantos en nosotros, sutiles cantos. Todo es arbóreo aquí, áureo, el resplandor del respiro aliviado. Todo es aéreo aquí, brisa que habla. Todo es fuego aquí; tocarse la boca y las manos. Todo es agua aquí; mecernos en el mar lunar de las entrañas.

Yo no sabía que podía existir una casa para la ternura, avizorada sólo  por antiguos poetas, alguna vez señalaron con su dedo índice el sol; horizonte perpetuo, indescifrable, dorado infinito. Todo aquí es tan celeste, todo en ti es tan inaudito. Queremos arder en esta casa para la ternura, ser laterales, curvos, oblicuos, transversales, acomodarnos habitando la llanura, un paisaje jamás desolado.

Queremos tierra, aquí. En esta casa para la ternura queremos tierra, mojar las manos, sembrarnos. Todo aquí se ha convertido en semilla, cultivo; tus manos y mis manos haciendo inexplicables trazos. Yo no sabía que tocarnos con la mirada era habitar una casa para la ternura, deshacernos de todo lo que fuimos, rehacernos de nuevo a nuestra medida. Tú me mides con tu voz, mi oído te marca el paso. Yo te mido con mis ojos, y tú me dejas entrar. Todo aquí es córnea, párpado, labios. Todo aquí es núcleo y viejos axiomas; estamos recordando. Todo en ti es arena brillando. Tú me dices: hagamos una casa para la ternura, y digo: si, hagámoslo.

Yo no sabía que podía existir una casa para la ternura, una casa para ti y para mí, una casa extendida en la que el tiempo no existe.

 


CONCHA GARCÍA

 

  

 

En la ducha

 

Hoy he hecho un adelanto.
No confundí la espesura
con cierta manera de mirar,
tampoco me equivoqué de calle.
Eso no es terrible,
si se vive en la ciudad.
¿Sabes? Te adoro. Voy a definir
exactamente en qué consiste
tamaño esplendor. Es un brillo
que acompaña. Es un brillo
¿que acompaña?

 

De: “Acontecimiento”

 

VALERIA SANDI

 

  

 

Rincón de lluvia

 

Hoy
     se abre
     gatillando sombras
el telón de la noche
en nuestro cuerpo
se acerca la sentencia
de fondo un árbol.

Los recuerdos
se derraman
       en tajos
La mirada
se nos puebla
de fosas.

Sin hilván
la memoria cae
nos volvemos
        tierra blanda
con el rostro perdido.

Llegada la sentencia
desde nuestra
nítida oscuridad
pedimos al tiempo
      como juez de luto
un rincón de lluvia
como última patria.

 

EDUARDO SORIA

 

 

  

XIX

 

Solemnes sabuesos yacen sobre el arroyo y los senderos.
Las patas delanteras extendidas son espigones,
celebran la hoguera en la que devoran milenios
¿Es ámbar solamente aquella savia petrificada?

Sus ramas dotaron de frescura a los saurios que absortos miraban la orogenia andina.
Sus hojas flotaron a la derivan en los flujos y reflujos de milenios, en los cataclismos que trocaron el rumbo del río Amazonas arcano
desembocando hacia poniente.

Araucarias, entre mareas someras, que la sed tornó su madera en piedra.
La fotosíntesis aun fluye en estos tallos como una estela del tiempo convertido en sílice.

Esta flora petrificada cargará racimas de piedras preciosas.
Un mango de citrino.
Guabas de marfil y pepas de amatista.
Naranjillas con el vientre lleno de esmeraldas.

El aire de entonces
¿aún palpita en estas columnas derribadas
que fueron floresta, manglar, y nido de aves a medio espiral de dinosaurio y ave?
Bosque de árboles roca, Puyango.
Mi corazón es un fósil.