miércoles, 29 de mayo de 2013

VÍCTOR SANDOVAL





En Las Tardes…



En las tardes,
cuando los hombres besan
a sus mujeres
por las calles
y se hacen el amor
como jóvenes bestias.
Cuando los que practican
este duro oficio de inconformes
convierten los cafés
en las repúblicas
del ocio y la utopía.

Cuando se enciende en las ventanas
el relámpago gris
de la televisión
y en las casas antiguas
se advierte una nostalgia
de pianos en desuso.

Entonces la ciudad lleva en su pulso
un río de mariposas
y el solitario de las plazas y las calles
ve su juventud nunca gozada
pasar en otros cuerpos
ágiles y fuertes.
La guerra está lejana
y el veterano ha conquistado
el derecho a vivir entre nosotros.

¡Quién como nosotros,
los que volvimos de la guerra
y nos labramos
un brillante porvenir de veterano!

Allá, cerca del mar,
entre las tierras vírgenes,
en las islas ajenas,
florece el rostro
de nuestro compañero.
La barba adolescente
de hierba en primavera
y en los ojos abiertos
el vuelo suspendido de los pájaros.
En las botas que un día pisaron fuerte
han crecido los juncos,
el trébol de la suerte.
Pero nosotros,
los que volvimos de la guerra,
nunca tendremos el destino
de tronco renacido en los pantanos.


FABRIZIO CARAMAGNA





Aforismos


13.
El amor: una planta que necesita agua. El amor propio: una planta que necesita aridez.


Traducción de Hiram Barrios

LUIS GARCÍA MONTERO





Tú me llamas, amor, yo cojo un taxi...



Tú me llamas, amor, yo cojo un taxi,
cruzo la desmedida realidad
de febrero por verte,
el mundo transitorio que me ofrece
un asiento de atrás,
su refugiada bóveda de sueños,
luces intermitentes como conversaciones,
letreros encendidos en la brisa,
que no son el destino,
pero que están escritos encima de nosotros.

Ya sé que tus palabras no tendrán
ese tono lujoso, que los aires
inquietos de tu pelo
guardarán la nostalgia artificial
del sótano sin luz donde me esperas,
y que, por fin, mañana
al despertarte,
entre olvidos a medias y detalles
sacados de contexto,
tendrás piedad o miedo de ti misma,
vergüenza o dignidad, incertidumbre
y acaso el lujurioso malestar,
el golpe que nos dejan
las historias contadas una noche de insomnio.

Pero también sabemos que sería
peor y más costoso
llevárselas a casa, no esconder su cadáver
en el humo de un bar.

Yo vengo sin idiomas desde mi soledad,
y sin idiomas voy hacia la tuya.
No hay nada que decir,
                                              pero supongo
que hablaremos desnudos sobre esto,
algo después, quitándole importancia,
avivando los ritmos del pasado,
las cosas que están lejos
y que ya no nos duelen.


martes, 28 de mayo de 2013

JOSÉ JESÚS OROZCO RAMÍREZ




Rendición


Bajo la noche de tu sexo ardiente
mis locos desatinos se extraviaron
y lúbricos tambores entonaron
la roja danza de la azul serpiente.

Mi empinada bandera que presiente
la rendición de los que bien lucharon
escucha sordo a los que reclamaron
un cese al fuego en forma vehemente

y haciendo caso omiso da la carga
y torrentes de lava le descarga
en belicosa furia desatada.

Sin fatiga tu noche periclita
y el rubio campo de tu vientre invita
a contemplar tu entrega apasionada.



RODOLFO JARAMILLO ÁNGEL




  
Tus senos


Tus senos como redomas
llenas de tibia ternura,
van pregonando pasiones,
van ofreciendo locuras.

Cárcel estrecha la blusa
finge dureces de angustia,
y son carceleros fieles
los hilos de las costuras.

Hay un rumor de colmena
con voces imperceptibles
en el temblor de tus senos,

que son dos pomos pulidos
que llevan a los sentidos
sed de pecados eternos.


LUIS EDUARDO ISAZA





Seducción


Hoy te besaré
enhiesta los plurales
labios de tu calavera.

No es una amenaza
pero te advierto
voy cargado de mentiras
para que los besos
vayan más allá del beso.

VÍCTOR SANDOVAL





Mi Tiempo, Padre…


Mi tiempo, padre:
Himnos de guerra y tableteo de metralletas.
Lo estoy viviendo apenas pero lo estoy viviendo.
Soy el aire del arquero y su brazo.
Te veo escribiendo tus poemas,
como éste, padre, como éste.
¿Para qué, para quiénes?
¿Para quiénes abres tu cartapacio,
tu horrenda máquina de escribir
como dentadura postiza?
A veces te leo en los periódicos
llenos de mosquitos proditorios.
Hace cincuenta largos años
que estás sobre la tierra.
Yo, padre, soy yo-padre desde que tú naciste.
El beso que pongo en tu mejilla
es el bien común,
el orden que rodea nuestra cisterna.
Por este lento avanzar del poemario,
del poema-río de tu consagración,
te despega la muerte de la vida
con paciencia de coleccionista.