sábado, 17 de agosto de 2013

RAFAEL CADENAS




Fragmentos 




12

Quita tu cuerpo del espejo
                                         y
                                              oblígalo a ser nube.



JORGE CUESTA




Paraíso perdido



Si en el tiempo aún espero es que, sumiso,
aunque también inconsolable, entiendo
que el fruto fue, que a la niñez sorprendo,
no don terreno, más celeste aviso.

Pues, mirando que más tuvo que quiso,
si al sueño sus imágenes suspendo,
de la niñez, como de un arte, aprendo
que sencillez le basta al paraíso.

El sabor embriagado y misterioso,
claro al oído (el mundo silencioso
y encantados los ruidos de la vida) 

vivo el color en ojos reposados,
el tacto cálido, aires perfumados
y en la sangre una llama inextinguida.




PALOMA PALAO


  

Magnolio



Soledad de caoba
que la piedra comparte, sigilosa memoria
que hacia el tiempo
confluye y brota prisionera
de la luna y el sueño
y lentamente aspira
la verdad y su belleza.
Manzana de la luz,
suavemente ignorante,
el cáliz terso
de su piel construye,
aroma y fuerza
que el deseo clama.


De "Hortus conclusus"



viernes, 16 de agosto de 2013

JORGE RUIZ DUEÑAS




Mediodía



La llamarada líquida del sol
se desliza entre los cuerpos
y la palabra brota de las manos,
ramificado vegetal
donde el destello nos aguarda.
Caen las hojas desnudas
en la aurora que espiga,
mientras la ciudad se edifica a sí misma
y la acción viril del poema
descansa en las delegaciones,
se hace un juego de canicas,
una cosecha de frutas en acecho.
En la playa se refugia el mediodía
y las campanas conciertan a los niños sobre el polvo.
Un perfume de puerto
avanza por la vía del tren,
en los hilos de la ropa:
banderas de huelga
en parvadas de ojos que vuelan por los corredores.
Dobla la esquina la policromía del alimento
y el viento quebrado de las doce avanza
sobre las antenas erizadas,
por los condominios del éxtasis,
por las estaciones desvencijadas del corazón del pueblo,
sobre el marcapaso de mareas
agotadas en los malecones mudos.


De “Tornaviaje”


SILVINA OCAMPO




El sueño recurrente


Llego como llegué, solitaria, asustada,
a la puerta de calle de madera encerada.

Abro la puerta y entro, silenciosa, entre alfombras.
Los muros y los muebles me asustan con sus sombras.

Subo los escalones de mármol amarillo,
con reflejos rosados. Penetro en un pasillo.

No hay nadie, pero hay alguien escondido en las puertas.
Las persianas oscuras están todas abiertas.

Los cielos rasos altos en el día parecen
un cielo con estrellas apagadas que crecen.

El recuerdo conserva una antigua retórica,
se eleva como un árbol o una columna dórica,

habitualmente duerme dentro de nuestros sueños
y somos en secreto sus exclusivos dueños.




JUAN SANCHÉZ PELAEZ





VII
a Malena



Yo no soy hombre ni mujer
yo sólo tengo resplandor propio
cuando no pierdo el curso del río
cuando no pierdo su verdadero sol
y puedo alejarme libre, girar, bogar,
navegar dentro de lo absoluto y el
mar blanco

entonces sí soy
el hombre rojo lleno de sangre

y sí soy la mujer: una flor límpida, un
lirio grande

y también soy el alma

y clarean los valles hondos
en nuestro mudo abrazo eterno,
amor frío

—y qué más
qué más por ahora
piragua azul
piragüita.


De “Aire sobre el aire”


RAFAEL CADENAS





Fragmentos



2

Escribo
como el que se inclina sobre el cuerpo que ama.