sábado, 4 de enero de 2014

LISANDRO CARDOZO


 

VII

 

Tiemblo de emoción
cuando escucho su canto quedo
en mis oídos,
y la recuerdo así, arrullante
manza, entrelazada a mí
en una tarde de invierno.

 

ROQUE VALLEJOS



El Cristo perro

  

Ya no soy yo
sino este
pueblo,
que camina
mordido como
un perro,
trillado el
pie,
el cuerpo
remendado,
la escarapela
como sarna
hasta en los labios.

El pozo de
sus ojos
fondeado,
vendió
por huesos ajeno
su ladrido,
la garra que
le queda
está limada
como un colmillo
que mascó
bozales.

Muerde su propia
carne
y se alimenta
con el mismo
veneno de
su sangre
y desanda
a tientas
su camino,
con una cruz
sin nombre
sobre el lomo,
porque no sabe si
Cristo ha sido perro
pero él es tan solo perro como Cristo.



LOURDES ESPÍNOLA

  

In memoriam
Sor Juana Inés de la Cruz



Y ser y no.
Ser mujer,
con manuscritos de internas visiones
nombrando la experiencia.
Traduces lenguas de tragedia,
mujer abriéndose
como ostra
que lleva
su cárcel por dentro.
El resto: soledad,
verbo y polvo
masticando los años.

Repetición de ademanes, miradas o palabras.
Con defensas en alto,
con mis viejas trampas
(acechos que creía ya dormidos).
Tus ojos, lengua de Eros,
con su llama verde apenas contenida.
Vienes rompiendo las murallas
de tímpanos vacíos
en las interminables venas del insomnio.

Estabas y no estás:
ni mis amores,
ni el feroz arañazo del recuerdo
te atrapó con tal fuerza y te retuvo.
Ni el hallazgo
de calladas memorias vegetales,
ni las piedras
calientes y redondas.
Ni el asombro del árbol orgulloso
mostrando
verdes frutos,
flores,
pistilos y raíces.
Nada.
Caminé avergonzada,
Casi como desnuda,
Con mejillas
con párpados,
Con pestañas,
con lágrimas.

Esclava de caprichos de tu verbo
mordiendo las arterias:
me penetras,
me curas,
me sojuzgas.
Fiel, triste, sombra a mi costado,
me cortas con tu filo;
me sangras
y modelas.
Sólo necesito tu venenoso beso, Poesía:
el aire está de más
cuando te tengo.

Como tierra maldita,
el centro de tu útero.
Como interminables esclavos
sin valor de mercado:
mujeres
pasan a otras manos,
pero nunca las suyas
aprisionarán su propio destino.


Tanto tiempo jugando a tus trampas,
tretas y vestiduras.
Te he mirado, Poesía, en ese instante,
justo antes de que tú me atrapes.
Despacio me seduces;
ni siquiera mi hombre se dio cuenta
que me envenenas
y me llevas traicionera
hasta el nunca más
de mi propio deseo.


viernes, 3 de enero de 2014

JOSEFINA PLA


 

Sueño

 

XV

A María Delgado Rodas

 

...Sueño que fuiste impulso de mi latido,
y alas en mi anhelar:
Te mata la vida que nutriste,
como la flor el fruto nacido de sus galas.

Afán que me hechizaste de tan triste,
pensamiento clavado
en mis frágiles pulsos; estilete sutil:
a esa punta que hincaste pereces, traspasado.
Loco sueño disuelto en mi sangre febril:
¡esa sangre te ahoga!
...Morir te miro, ensueño
que fue yo toda -como fue tronco toda hoguera,
y charco toda nube- en un trasvasamiento
imperceptible, blando, como un deshojamiento de rosa,
en un temblor de atravesada mariposa.

Morir te miro, ensueño,
como el árbol mirara arder el vicio leño
cortado de su rama, o pudrirse la hoja

de cuyo muerto libre saldrá la yema roja.
Morir te miro, ensueño,
y tu postrer tristeza es ya casi alegría,
¡y tu último suspiro es ya casi esperanza!

...Hoja muerta, que vuelves a la tierra madura:
¿en qué capullo nuevo, húmedo de ternura,
renacerás mañana, ensueño en agonía...?

Fuimos, en sueños compañeros
Fuimos, en sueños, compañeros:
la vigilia no nos unió.
¡Sólo en los sueños traicioneros
su pie a mi paso se ajustó!

Labios gemelos en el ansia:
¡no unisteis nunca vuestro ardor!
Pupilas, astros de constancia:
¡nunca rimasteis un fulgor!

Jamás la diestras se estrecharon;
los labios sedientos no hablaron;
pero el juramento existió.

 

Nunca las bocas se besaron;
¡de los besos que no quemaron,
brasa fue el doble corazón!

DELFINA ACOSTA





Hediondas flores

Poeta que te quejas, que al hacer
tus versos te entretienes renegando
de Dios, de ti, de tanta mala suerte
que dices que te toca. Ay, poeta
que inventas  diariamente un motivo
para sentirte triste y entregar
 tu alma a las hogueras del infierno.
Ya deja de lamerte alguna pústula
imaginaria y abre tu razón,

tus ojos a la vida y ten en cuenta
 que hay madres sollozando pues sus niños
deliran carcomidos por la fiebre
de un mal que la pobreza les ha dado.
Ya deja de penar, de revolcarte
en tus hediondas flores y haz los versos
que tanta  humanidad de ti aún espera.

JUAN ANDRÉS CARDOZO




De pie frente al dolor



Yerto sobre el rocío del dolor
extiendo la voz que emerge
de la tumba donde le acostó el silencio.

Ya no es hora de conformarse
con la campana que murió en la plaza.

¡Ni con los caminos amarillos y delgados
donde las pisadas dejaron su beso viajero!

¡Mi corazón es una estrella apagada
que quiere arrancar fuego al sol!
Quiero mojar la arena de la siesta
que abre surcos en las plantas
de los hombres cautivos de la tierra.

¡Quiero limar los cerros de sus manos
y arrancar de sus ojos la resignación!
Si las paredes acribilladas de pobreza
pudieran acercar su voz a los oídos sordos,
a las miradas de puñales indiferentes,
y lanzar al viento su queja amarga:

¡Cuántos días el pan ha estado ausente!

¡Cuántos cuerpos, en edades desiguales,
enlazó el invierno
y el pecado fue un bocado de la noche!

¡Ya basta...!

No quiero seguir tocando la cuerda,
el hilo de sangre que teje la sombra
del universo, de Latinoamérica.
Sólo de pie frente al dolor
quiero levantar un muro de esperanza,
un muro de hierro que detenga
la tristeza que viene arrollando
-roca desprendida de los Andes-
la alegría que ha nacido a deshora.

Y creer que el viento de la noche
se ha llevado
el miedo que dormía en la llanura.


AMANDA PEDROZO




Reflexión


Si no tuviera
este enjambre de amor en el pecho
sería perfecto
vivir a tu lado buenamente
como se recomienda
palidecer contándote cuentos
acerca de nietos y de insecticidas.

Si no tuviera
los pies incontrolables
sería edificante
comerme las preguntas
esperarte quieta
con una sombra leve en la manos
limándose las uñas.

Si no tuviera
traumas y pecados inmortales
probablemente
estaría cometiendo padrenuestros
y en silencio
buscaría entre las sacaras palabras
alguna que permitiera la desobediencia.

Si no tuviera
tantos argumentos indecentes
estaría mirando
cómo el aburrimiento
crece
y no sería ésta que te piensa ahora
sobre otro cuerpo
y otra calle
en otra noche.