viernes, 24 de febrero de 2012

SERGIO GARECA




Relación sobre un ser superior



Mi perro, esta mañana, es dueño del sol.
Recostado, estrellas hacia adentro,
se disfruta y no siente el peso
de ese cuerpo que parece el aire y no es,
esa tristeza circundante y tendenciosa.
Viene de un camino más grato que el mío.
Sin política, sin religión
y, desde luego, sin culpa.
Ya estás un poco viejo,
pero tiene esa predisposición
de ir hacia la muerte sin prisa,
sin temor a despertar,
sin ganas de huir o ser mejor.
Su ausencia de ambición
y su corazón gigante se filtran por las estaciones
sin sentir el reloj,
por eso a veces siento que cree ser mi amo,
pero estoy seguro que
no necesita de esa soberbia.
El patio está sitiado por el sueño
y la orden es precisa,
respirar, sólo respirar.

MARCELO URIOSTE




Textura de Anhelo



Los pasos del reloj están contados;
la muerte se reclina en el umbral.
Yo... soy el timonel enamorado
que accede a tu sonrisa inmaterial.

La fiebre de vivir muere de lado
con ganas de ceñirte hasta el final.
En... medio del dolor hay un poblado
que acecha tu textura matinal.

los humedos fantasmas de mi alcoba
añoran una fertil religión.
Sus canticos de rusticas caoba

tallados por el sabio salomón,
desvelan al monarca de la trova
y vierten destino en mi canción

jueves, 23 de febrero de 2012


ESPERANZA ORTEGA




Con los ojos cerrados...



Con los ojos cerrados,
he abierto una ventana

la leche que ya humea en la cazuela
el vacío caliente que dejas en las sábanas
una mujer que cruza a tientas
y sin reconocerte te acaricia

ignoran
que marchan a tu lado

no saben
que existe una ventana
ni que vuelves
del camino a tu sueño


GISELA GALIMI



Estación


El invierno termina algún día incierto.
Ni antes ni después
que finalice el frío.
No importa como lo llames,
ni la fecha que dicte el almanaque.
El invierno es invierno.
Las muchachas podrán ignorarlo
y vestir primavera en septiembre,
enamoradas de las quimeras.
Pero una mujer ya tiene su experiencia.
Todo llega a su debido tiempo.


CARMEN ORREGO




Arribo

Tu corazón
Mi ribera
Tu amanecida
Mi peligro de muerte

Del pulso depende la suma de los dados

En la palma de tu mano
Permanecí tendida
Eternidad arribada

CLAUDIA CURIMIL HERNÁNDEZ



Detalles

La inteligencia
podrá maquillar, una y otra vez,
nuestras cobardías.
Pero llegará la hora
en que amaneceremos profundamente
idiotas.
Quizás entonces
 tomemos
                   -valientemente-

la decisión de ser felices.