Incandescencia
de mar.
La
ola hace lirios en su vientre.
Los
vuelca en tránsito.
Afianza
la luz.
De:
“Piedra de vigilia”
"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
Incandescencia
de mar.
La
ola hace lirios en su vientre.
Los
vuelca en tránsito.
Afianza
la luz.
De:
“Piedra de vigilia”
A Agustín Sánchez Antequera
CADA
vez que pasan los caballos
nos decimos adiós
con la misericordia de quien siempre ha sentido
cercanía en las manos.
Nada
supo perturbar el silencio.
Nosotras, olvidadas, suplimos la alegría con constancia.
La constancia del sueño impertinente,
a cualquier compás del día,
la constancia de cocer cada patata,
la constancia de la herida y su medicamento,
la constancia de lavar.
Nosotras,
las de entonces, las iguales,
las que ya no ven el cielo,
siempre
que nos despedimos
pasan los caballos.
De:
“La hermana aprendida”
xiii.
de vuelta al pozo
el
hombre que no tiene tiempo
ha pasado por casa otra vez.
suele estar de paso por todas las cosas.
a la hora exacta los relojes
indicaron con una precisión de ritual
que era hora de la siesta.
el hombre cae donde puede.
ahora duerme en mi cama.
lo veo dormir.
envidio esa confianza suya
de caer dormido en cualquier parte.
no tendría que estar en mi cama
mientras duerme.
el
hombre está de paso,
trabaja, pero su mano está en mi rodilla.
qué haces.
nada. no hago nada,
si no quieres.
quiero.
no tendría que estar tumbada junto a él.
algo
que no nos pertenece
nos atrae hacia la belleza.
el
pozo es hondo,
miro dentro el agua fría, los ojos fríos
y en su orden de metales perfecto
una pulsión dirías de otro tiempo
nos empuja al centro del misterio.
quiero
tocar el agua,
pero temo hundirme del todo.
pienso en volver a la cocina
donde el café y el silencio
y la luz de la tarde y nada más
que esa paz.
quiero no estar en esta cama.
el hombre se viste rápidamente.
no tiene tiempo.
digo algo.
me ha gustado besarte.
ríe. miento.
no tiene tiempo.
pasa por las cosas sin estar en ellas.
siempre pasa, sin embargo.
súplicas,
quejas.
quédate. el futuro.
no tiene tiempo
De:
“Ejercicio de aniquilación”
332.
«La
memoria es la frágil pero indispensable despensa del escritor. Sin ella no hay
futuro», dijo una escribidora que no quiere saber de olvidos.
De
cómo el animal fue a morir
debajo de la cama de mi hermano
y de cómo no hay nada extraordinario
en buscar el calor en su último aliento;
pero extrañarse es necesario
ante una circunstancia tan humana
que los humanos la olvidaron
como propia. Se muere
y nace el paraíso, dicen.
El cielo de la perra era el calor
de mi hermano, debajo de la cama.
Allí, sin ángeles, murió. No sabía
qué era eso de morir
ni por qué tanto diablo se esconde
debajo de otras camas.
De: "La
memoria del roce”
El
vaivén de la escoba
La
noche se ha colado /
entre las rendijas de la tarde. /
Me hallo apostada /
en una esquina concurrida, /
donde espero el autobús /
con la misma mansedumbre /
con la que se espera todo /
en esta ciudad acechada /
por el eterno insomnio. /
Miro por encima de mi hombro /
me golpea una luz /
………..rojiza y perezosa. /
El cine Fair (que tantas /
otras veces he visto /
desde la ventana presurosa /
………..de algún taxi), /
ahí, en pie, de las pocas /
salas “a la antigua” /
que se aferran con uñas /
y con dientes al paisaje /
cada vez más futurista /
………..de la urbe. /
Lo observo con curiosidad. /
Me acerco. Indago. /
Un jovenzuelo cabizbajo /
barre la entrada. /
Irrumpe en mí la nostalgia. /
El vaivén de la escoba /
me columpia en el recuerdo /
de nuestras pláticas nocturnas, /
de las risas, de cada coincidencia, /
de cada desacuerdo, del gesto nervioso /
que te empujaba a buscar tu propia escoba /
para barrer con insistencia el piso ya limpio /
y reluciente de tu sala, cada vez que de mi boca /
………..se escapaba un “te quiero”.