viernes, 9 de enero de 2015

ENRIQUE LARRETA




Labradores

 

Siempre encorvado, siempre cavando en el misterio.
Color y olor del surco de sus manos. En los ojos
una llorosa lumbre. Memoria de los rojos
ocaso de las tapias de un viejo cementerio.

Hombre de los trabajos y los días. Tu serio
fervor, tus araduras, tu brega en los abrojos,
tu puño que a compás estalla en los abrojos
ásperos, tus hogueras de rústico sahumerio,

¿no es eso mismo, acaso, mi existencia? ¿Qué mucho
que yo no diera tu alma por las almas aquellas,
ni tus dichos severos por todo lo que escucho?

Glorias de labrantío. Cestas multicolores.
Tus amigos: la nube, la luna, las estrellas.
Menesteres parejos los nuestros. ¡Labradores!

 

 

ISRAEL CLARÁ


 
 
En memoria

 

Hacia un irte a ti misma te has marchado.
Te has convertido en mucho más que en verso,
en un fruto maduro, dulce y terso,
en un otoño suave y prolongado.

Y yo, desde mí mismo, he regresado,
con equipajes llenos de universo,
a la bondad del tiempo y al perverso
oficio de la muerte y su legado.

Quería ir hacia ti y me he olvidado.
La vida se descubre y se renombra,
el mundo de los vivos ha triunfado

y hay un sueño profundo que te asombra,
el recuerdo tranquilo que ha llenado
con un poco de luz tu propia sombra.

jueves, 8 de enero de 2015

FEDERICO GARCÍA LORCA

 

Llagas de amor
 

Esta luz, este fuego que devora.
Este paisaje gris que me rodea.
Este dolor por una sola idea.
Esta angustia de cielo, mundo y hora.

Este llanto de sangre que decora
lira sin pulso ya, lúbrica tea.
Este peso del mar que me golpea.
Este alacrán que por mi pecho mora.

Son guirnalda de amor, cama de herido,
donde sin sueño, sueño tu presencia
entre las ruinas de mi pecho hundido.

Y aunque busco la cumbre de prudencia
me da tu corazón valle tendido
con cicuta y pasión de amarga ciencia.

 

 

FRANCISCO DE QUEVEDO



Con ejemplos muestra a Flora la brevedad
de la hermosura, para no malograrla

  

La mocedad del año, la ambiciosa
vergüenza del jardín, el encarnado
oloroso rubí, tiro abreviado,
también del año presunción hermosa:

la ostentación lozana de la rosa,
deidad del campo, estrella del cercado,
el almendro en su propia flor nevado,
que anticiparse a los calores osa:

reprensiones son, ¡oh Flora!, mudas
de la hermosura y la soberbia humana,
que a las leyes de flor está sujeta.

Tu edad se pasará mientras lo dudas,
de ayer te habrás de arrepentir mañana,
y tarde, y con dolor, serás discreta.

PABLO NERUDA

 


Soneto LXIX

 

Tal vez no ser es ser sin que tú seas,
sin que vayas cortando el mediodía
como una flor azul, sin que camines
más tarde por la niebla y los ladrillos,

sin esa luz que llevas en la mano
que tal vez otros no verán dorada,
que tal vez nadie supo que crecía
como el origen rojo de la rosa,

sin que seas, en fin, sin que vinieras
brusca, incitante, a conocer mi vida,
ráfaga de rosal, trigo del viento,

y desde entonces soy porque tú eres,
y desde entonces eres, soy y somos,
y por amor seré, serás, seremos.

 

 

MANUEL ACUÑA


  

 A una flor

 

 Cuando tu broche apenas se entreabría
 para aspirar la dicha y el contento,
 ¿te doblas ya y cansada y sin aliento
 te entregas al dolor y a la agonía?

 ¿No ves acaso, que esa sombra impía
 que ennegrece el azul del firmamento
 nube es tan sólo que al soplar el viento,
 te dejará de nuevo ver el día?

 ¡Resucita y levántate!... Aún no llega
 la hora de que en el fondo de tu broche
 des cabida al pesar que te doblega.

 Injusto para el sol es tu reproche,
 que esa sombra que pasa y que te ciega,
 es una sombra, pero aún no es la noche.

 

 

ALFONSINA STORNI


 

El hombre

  

No sabe cómo: un día se aparece en el orbe,
hecho ser; nace ciego; en la sombra revuelve
los acerados ojos. Una mano lo envuelve.
Llora. Lo engaña un pecho. Prende los labios. Sorbe.

Más tarde su pupila la tiniebla deslíe
y alcanza a ver dos ojos, una boca, una frente.
Mira jugar los músculos de la cara a su frente
y aunque quién es no sabe, copia, imita y sonríe.

Da una larga corrida sobre la tierra luego.
Instinto, sueño y alma trenza en lazos de fuego,
los suelta a sus espaldas, a los vientos. Y canta.

Kilómetros en alto la mirada le crece
y ve el astro, se turba, se exalta, lo apetece:
una Mano le corta la mano que levanta.