miércoles, 16 de septiembre de 2026


 

VITTORIO SERENI

 


 

A MENUDO entre senderos tortuosos
quelque part en Algérie
del lugar incierto
que el viento muerde,
tu lluvia, tu sol
todos en un punto
entre arbustos amargos del más amargo hilo
de hierro, espina sin rosa…
pero ya ha pasado un año,
es apenas un sueño:
estamos todos en silencio recordándolo.

Ríe un espectro claro
donde estaba el centinela
y la colina
de nuestros espíritus ausentes
desierta e inmemorable se cubre.

Sidi-Chami, noviembre de 1944

 

Versión de Diego Bentivegna

 

 

JOSU LANDA

 

 

 

ardite

 

eso dice poca cosa:

nada de ardimiento alguno:

nada de imperativo críptico:

nada de astucias:

lo cierto es que uno se pone a ver:

soy un cuerpo
que acaba de dar setenta vueltas alrededor del sol:

soy una espalda
con más de veinticinco mil rotaciones en su haber:

vueltas y vueltas en espira:

entregarme a la matriz silente del espacio
desde la boca impía del tiempo:

todo con los pies sobre la Tierra:

todo sin alas
ni carruajes siderales:

todo en clave sublunar:

con mirada ascendente:

en pulsión de envidia inútil
de algún leve Faetón
en ejercicio de auriga loco
desbocado en caballada de astro-rey
excedida en fuego trágico
pero al menos antídoto
de hastíos y monotonías:

mucho lustro en raíz de vísceras:

mucha dentellada de las Horas
con impresión de cosa ínfima
puestos a ver la vastedad del firmamento:

las brasas de luz
sin agotamiento a la vista
en medio de un plácido rumor de esferas:

tanto calor dilapidado en uno:

radiaciones a pasto
y en empeño de prender el nervio óptico:

tanto pálpito en rotación:

en entrevero impúdico
de mundo-carne-diablos
a cuenta del placer
de lo que pasa dúctil
por el vano de la vena en gozo:

hasta en medio del baile aparatoso
de un gran dios
sin más escenario
que el puro sol bajo el sol:

todo helicoidal:

todo en circunvalación de carrusel:

todo en vórtice de tiovivo:

en desprendimiento de humus y humo
abandonado en una baja lejanía:

con presencia de nudos de culebras
en familiaridad de lombrices
y lo vocado a miasma:

ese bucle (anti)lustral
también se retuerce
en el angelus novus personal:

ese rizo también se tergiversa
en la (retro)mirada del abismo propio:

rayo ahora casi ciego
en la noche oscura sin alma:

sin sentimiento de instante
ni profusión de manos
en el seno albo del amanecer:

cierto que hay
en ese nublo esquivo
harto capital de semen
en trance de marfil otrora derramado
y aun en faceta
de promesa poco pertinente:

abundante baba seca
a modo de palabras fijas ya
en la savia yerta de árboles
ausentes de la vida:

lo que se ve en uno ahora
es la inminencia de un atardecer lánguido
abandonado por soles ya vividos
y sin aire de retorno
a la vista de ojo y ánimo:

lo que se otea desde aquí
es la inmanencia de sombras
a la espera de su ocasión
calma y sin calva:

acaso brote de estro
en admiración de exiguos astros:

moneda de poca monta
como todo lo dinerario
en lo hondo:

si acaso aleteos espasmódicos
en perspectiva de confín en bruma:

setenta años de polvo enamorado:

catorce lustros de ceniza postergada:

(con todo) se dice pronto
se dice pronto (con nada)

[A Tania Favela
y Juan Alcántara]

 

 

JOSUÉ RAMÍREZ

 

 

 

 

José Eugenio Sánchez



Con todo y lo mucho que sabemos con mucha o poca precisión,
afirmo y corroboro que lo que ocurrió esa noche,
cuando José Eugenio, el poeta del pueblo, hizo al decir y desató,
no es fake news, hoy tan en boga, tampoco un meme,
y por más que se empeñen fijándose en pequeñeces,
las y los y con les falte sólo que se haga constatable lo que aquí comparto.

Valga decir que los hijos de Baudelaire,
esos practicantes de la concatenación maldita,
suelen pasar del personaje a la multiplicidad de las máscaras.

Vi, pues, en tiempos simultáneos a Chepe con la barba crecida
fumando un porro en la parte más alta de la Estatua de la Libertad
y en un auditorio en Madrid, un antro en Monterrey,
y en el Centro Cultural España en la CdMx.

Se evidenciaba la desnudez con sus asegunes,
colocándonos ante los espejos de desproporción y despropósito.
Los ánimos estaban sexosos y la risa y los roces entre besos colectivos
nos hacían anónimos cada vez más y giro tras giro, cuando, repito,
en el rumor muchos aseguran que se la sacó de la bragueta,
y la maniobró mostrando destrezas y habilidades poco vistas.

Pero nadie tiene la selfie que constate la evidencia.
Sony asegura que ella sí la tiene.
Y varias de las que estuvieron presentes
y de las que aun estando lejos, lejísimos,
aseguran que la sintieron dentro.
Otros aun cuando lo niegan o lo callen, también.
Sé de algunos que no estuvieron presentes
y la tuvieron presente
con tal alboroto de revuelo las palabras
como en una fuente las hojas secas en otoño.

Nos arremolinamos y la música verbal sonaba provocando
en la mente y el cuerpo una risa feliz,
no una risa insana mala onda
y el humo de las sensaciones se fue disolviendo
hasta la transparencia cuando la multitud
dibujando eses de movimientos en sánscrito,
semejaba mujeres bailando ballet clásico que, con un dron,
en vaivén captó la imagen y sí se ve que se mete la mano
como si fuera a sacar un arma el pistolero.
Pero algo borroso sucede que nadie puede asegurar
que lo que ahí pasó estuvo más cerca de la verdad que de la mentira
que nos rodeaba obnubilando los deseos y demás voluntades.

Los dealers que en la economía del menudeo
trataron de amedrentarnos con toxicidades alevosas
y algunos políticos colados pretendieron sacar tajada protagónica
y fingiendo la sonrisa tomaban al poeta por la verga de sus palabras.
La policía no traspasó el letrero de nuestros derechos humanos.

Y precisamente ahí, en ese fulguroso instante,
el silencio que precede a lo histórico,
fue roto por la trompeta de Charlie Parker
que junto a José Eugenio estuvo todo el rato y no lo habíamos visto.

Así terminó el recital y fui a felicitarlo al camerino.
Me preguntó con la boca reseca y agotado, tomando agua,
cómo estuvo y yo le dije fue un concierto sobre el mundo
construido por la humanidad en una Tierra
que al transfigurarse nos recuerda que somos pasajeros del universo
y que hechos de palabras nos regresamos todos excitados a nuestras casas,
multisolos y multiorgásmicos, individualmente colectivos,
empeñados en asegurar que aquella noche con su día en tres puntos del orbe,
el poeta del pueblo hizo ante su público, lúdico y lúbrico,
entre cuerpos jóvenes y cuerpos flácidos de desnudez boluda,
habíamos presenciado sin tener más herramienta para entenderlo que
la risa y el aplauso.

 

 

YELITZA RUIZ

 

 


 

¿POR QUÉ ESA FEA MANÍA de nombrar como padre al que llega a

imponer sus costumbres?

Según la etimología latina el padre-pater

es el progenitor, la cabeza de una casa,

fundador de familias, protector de naciones.

El pater famili o el padre de familia

fue la figura en la que recaían todos los mandos de un pueblo,

de una casa,

contenía el vitae necisque potestas.

El derecho nació ahí, con la propiedad privada que el pater famili dirigía,

él resguardaba la patria potesta,

la dominica potestas

y el mancipium.

Él ejercía este poder sobre todo lo que poseía,

animales, propiedades, esclavos, hijos, esposa, mujeres.

Las mujeres nunca pudieron ser un pater famili,

jamás tuvieron los tres estados de la venia:

libertad, ciudadanía, familia.

Fue hasta el tiempo de Anastasio y Justiniano I

que la emancipatio fue autorizada a sui iuris,

pero este cambio no incluía a las mujeres.

El nivel de evolución de los mamíferos marinos vino de quienes amamantan, de quienes producen la leche que permite que la estructura ósea se alargue,

se endurezca, de la sanguaza viene la fortaleza

que cicatriza cada herida que nos plantan desde niñas.

Nuestra leche nos hace fuertes y permite que su leche nos fecunde,

un ir y venir de la haerentia.

Todo lo que temen de nosotras tiene forma de agua,

el pater famili fue una alberca para intentar darle otra

forma a lo que fluye.

Ahora le dicen patriarcado a todas las mañas

que se inventó el hombre para confinar las aguas.

También lo llaman derecho, leyes, pero no justicia.

 

De: “Variación de la escama”

 

BILEYSI REYES

 

 


 

Atrapo a sorbos y modulo mi cuerpo alveolando al pulgar de tu mejilla: tus manos gruesas de dedos comidos por el tiempo: tus manos huellas dactilares: reflujo sanguíneo hasta la punta: tus cabellos sostienen la esquina del mundo hasta tus ojos que queman que dejan astillas en tu voz de canto grueso: tu voz de medianoche en tu pecho que acoge al mío en tu orilla: mi pecho de alas grandes: vocablo de mar desdibujado: unidades agrarias se refractan entre el hueso compacto: hueso esfinge conjugado hasta la médula: el codo sostiene a la raíz en cuarto menguante: tus labios entrecruzan mis palabras hasta tu oído.

¿Y en qué mundo existes todavía?

  

De: “Historia de la carne”

 

PABLO LLANOS

 

  

 

¿Sueñan los poetas con endecasílabos eléctricos?

 

Y si cansado el poeta de asombros,

de sinapsis mentales y oxímoros

descansa con un sueño cotidiano,

sencillo, de llevar en la mochila,

de declaraciones de hacienda

o calculadoras solares.

 

Un sueño de rutina, pautado,

de vez en la carnicería,

de calendario de menú semanal,

de cruzar un paso de cebra,

de reiniciar el rúter,

de echar gasolina con descuento.

 

Un sueño claro, sin interpretaciones,

en el que el ruido del motor de un coche

no sea más

que el ruido del motor de un coche

y morder una manzana sacie el hambre

durante un rato,

para engañar al estómago

y al subconsciente.

 

Un sueño placentero, de lugares comunes,

en el que el poeta pueda deleitarse

con el olor a tierra mojada,

con una mujer bella como una rosa,

con todo ha sido un sueño.

 

Un sueño de encefalograma plano,

sin cuadernos, ni lápices, ni metáforas,

ni un calambur, símil, elipsis.

Un sueño reparador, de color verde,

como todos los sueños reparadores.

 

Un sueño de cocina de aprovechamiento

que le dé al poeta la oportunidad

de recurrir a sus habilidades cuando

–por la mañana– le pregunten:

¿Qué has soñado hoy?

 

De: “Palabras de paso”