Desplazamiento
al margen
Dicen
las damas penetrantes que soy el horcón de la casa. Quien más sensible a su
desesperación soporta los desplantes inconscientes del hijo o los irracionales
del padre y el marido. El horcón, que se quiebra en las puntas para abrirse, y
aún sostener en hilacha, pero imbatible el centro. El tronco inocente y
ancestral donde alcanzo los restos de la noche.
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