Es
poco lo que me hace ser un árbol. Mis brazos cargan una
parvada de hojas contra el viento, mi voz se queda al ras de las hormigas y sus
minuciosidades. Algunas veces grito de dolor y, como un árbol, levanto de más
una raíz o dejo caer mis garras secas sobre un auto. También a mí me aplastaron
creyéndome arbusto, también a mí me dieron un hachazo y seguí sonriendo cada
año cumplido. Mas, como un árbol, fui terco y todos los brazos que perdí los
sigo sintiendo al llover.
De: “Yo
no vine a hacer amigos”
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