Teórico
mi vecindario
En
mi calle hay un barco, y cada cierto tiempo,
durante alguna tarde, alguien le enciende el motor.
Entonces balbucea, y luego desafina.
Tenemos que escucharle en esos cantos roncos.
Será, como a los grillos.
Jamás
he visto que lo saquen a pasear.
Está
siempre varado frente a la misma casa,
en un océano inimaginable, o en una mar chiquita.
Es un barco de tierra que nunca ha visto el mar.
Un
condenado más que ha sido condenado
a estar, a no llegar jamás. Tal vez es un teórico
de olas a quien nadie pregunta, y nadie necesita.
Podrás
pensar que un barco, que jamás
ha zarpado, que nunca sintió el agua,
no es un barco. Si desapareciera,
nadie le extrañaría como barco de verdad.
—Estás
equivocado—
De
todas formas, ¿quién se atreve a decirle
a un barco, que siempre ha sido barco,
que no es?
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