martes, 11 de junio de 2013

RAFAEL DE LEÓN




  

No



¿Cómo quieres que deje mi vida entre tus manos
y mi jardín de sueños y mi luna y mi rosa?
¿Cómo quieres ponerle orillas a este río
que corre libre y ancho desde que yo naciera?

Me brindas una dulce esclavitud antigua,
dentro de tu palacio con su escudo y su torre,
y lo que necesito es un campo de trigo
por sonde se revuelque mi verso desbocado.

Quieres que esté pendiente de tu traje de novia,
de tu escote redondo y tus manos sin sangre,
de las rancias visitas que vienen a tu casa
y de la barahúnda de tus antepasados.

Y yo estoy con mi nardo, con mi copla y mi vino,
con la muchacha alegre que vende las naranjas,
con el niño pequeño que pide la limosna,
y con el árbol que da sombra a los pájaros libres.

Estaría una semana besándote la mano,
elogiando marfiles y mirando vitrinas,
y de pronto, una noche, llegaría mi viento
a romper miniaturas y abanicos de encaje.

Mi verso es como un toro colorado y terrible
que no aguanta ni el hierro de la ganadería,
y que lo mismo baja a beber al arroyo,
que anda leguas y leguas hasta encontrar los mares.

Yo vivo en una choza de cartón y de nubes,
con un pino y un monte y un aljibe de sueños.
Cuando quiero un castillo, me vuelvo medio loco
y arquitecto de luna, lo construyo en el aire.


ROSA LENTINI




  
Los dos sueños


Un haz frente a la costa
y un fuego que arde en el espejo,
ambos guardan los recuerdos:
el primero enturbia el viento que encrespa
al mar contra las calles nocturnas,
región de plegarias susurradas
por nuestros ahogados,
sueño de vastedades y caídas
con anhelos de escapar o dolerse,
callado como un buril puliendo la arena.
El otro se nutre de un mar de cera, y arde.

Rápido en borrar huellas,
el mar hubiera envuelto el labio en su frío
si en otra noche, con otra sal en la piel
escociendo furiosa, hubiera suplantado los recuerdos
en una de sus mareas.
Para luego entregarse a ti sobre todos ellos,
al dormir las memorias
en la arena, o aún en la ceniza.
El mar antepasado,
moviéndose en su rutina,
sin gaviotas volviendo a casa,
sin misiones de encendidas preguntas,
la ola en su paso sobre la ola,
llevaría o traería un murmullo de gente,
rostros radiantes dejados atrás,
cuerpos en un mundo oscuro,
sin latidos de ausencia
en lo definitivo del adiós.

Con el tiempo, el suelo seca
voces vírgenes o recónditas
que nos contestan raspando las estrellas
con sus lenguas que la luna platea;
y bajo el palio de este cielo
pasa el viento la página
del centenario libro de registros,
al que acudimos una y otra vez
en busca de nuestros nombres.

De "El sur hacia mí"

MARIZEL ESTONLLO



  

Rapsoda



Tal es su nombre.
Tal es su delirio puesto
al servicio de las ruinas de sal
donde la veta de lo humano es fulgurante.
Haber crecido entre los maestros del Gran Arte
portando el saber de escuchar
el misterio de los vivos que nombran la muerte,
desconociéndola.
Su sensibilidad entregada al silencio convocante de las estrellas,
cede al muro hecho coraza
en la imaginación enamorada del sueño
como el ala de un antiguo pájaro que transmutó
el vuelo por la noche.
Ha erigido su lugar entre las aguas profundas de un cielo infinito.
Ha pactado con las entidades de la sombra
haciendo el deleite de situar al mundo
más allá de la necedad de lo vano
para perpetuarlo en la música de un grillo cansado del verano
parado en la vereda rota
en esquina con el sol
ese que pasa cada tanto dándole de beber la tragedia,
o la misma condición del desamparo de los hombres
y de los dioses.
Y ahí, tal su nombre
renace en la grieta tibia,
en el ascenso del águila,
o en lo que es lo mismo ,
la propiedad de su pasión.

lunes, 10 de junio de 2013

RENATO SALES HEREDIA






Que hoguera encerrada…



Que hoguera encerrada
es el hielo
cuando regreso de mirarme
y pienso
en tus noches, ciudad,
en tus mujeres,
y me vuelve el rostro
hacia el verano
y tu voz me crece,
me rodea,
espejo en letras,
historia de cristales y de llamas.

De: Para que partan los pájaros
Traducción de Felipe Sentelhas


SONIA BETANCORT





Como una pluma


“Pide bueyes que le arranquen el corazón
mientras revuelve los infiernos”.
“(..)Tristumbre”.
JUAN GELMAN

Infierno:

diálogo de la conciencia
tristumbre
calles de mentira
que
además
no van a ningún puerto

taxis-abeja
que nos dejan
como en una letanía

miedo que abraza el miedo
de otro miedo mayor

perros ladrando adentro

columpios rotos de un lado
sentirse perdido roto
de un lado

otra baja de amor
tú que no llegabas
y ahora
si te vas
romperé todas las puertas

la casa donde no quisimos estar
aquel inconfesable
que nos humilla
lo inevitable
cruel
como la jaula de un pájaro
lo que no me atrevo a decir
la decepción que callo

los ojos de un niño
apoyados en la muerte

la desconfianza
la inseguridad
a borbotones
papá destruido lloraba
de camino hacia la playa

todos los grifos de la mala suerte
abiertos a un ritmo imparable

todos los despertadores
chirriando al mismo tiempo

el vértigo a ambos lados de mi mano
la compañía que robustece mi soledad

la palabra gente

dormida
la gente confundiendo
televisión con astros

rota la unidad
una broma
pensar que tiene que ser una broma
porque tanta sombra es imposible

la palabra esclavizada
la distancia
la cama que compartimos
con nausea
el asco

aquel gesto brutal con el que mamá
nos dibujó
la primera mano sobre la cara

el ogro
el suicidio
el deseo de matar
boicotear
al ser querido

el sueño
en el que nos persiguen
y no podemos correr

la huída
la desvalentía
el coágulo de sangre
en mitad de la calle blanca

los ismos
la crítica
los hospitales
el hambre
los homenajes
la extinción
el fracaso
la bolsa de este cuerpo

el infierno
se enciende y se apaga
aquí
su ritmo parece imposible
se eleva y cae
como una pluma.

De Paisajes del infierno

LAURA GIORDANI






Primera vez


Sus noventa y siete kilos y toda
su lujuria cayeron sobre tu pubis
de nieve aún blanda.

Si hay dios, que esta noche
caiga de rodillas y llore
todo lo creado

ROSA LENTINI





Voces


            Primero te vi al final del túnel, a ti, a quien el polvo rebasa. Con lenguas de fuego lames nuestros deseos, eres el alimento que palpita sobre un tronco hueco y sin nidos, la llamada que en amplios pasillos de nuestra voz persigue palabras largamente acunadas.-

            En manos que anuncian la lluvia nace el final del polvo. Te veo al empezar la ola. Navegas en sombras y luces sobre la arena, aras el mundo de tierra absorta, y cuando la hierba se espiga y madura, te diriges a otro lugar, corazón desterrado.-


De "El sur hacia mí"