Niño
tras la tormenta
Sé
que ante una tormenta mis manos
son asesinas: persiguen al tiempo
y crean un patrón de odio
a través de las flores, crean
las nubes reunidas que son mi crimen.
Es su furia, lo que tu corazón defiende,
consigue que este viento se eleve y profane.
La
tormenta se descuelga de las Torres
y entonces te pegas a mí asustada:
por lo que mis temores de morir se desvanecen
como si nunca hubiese brillado el sol
porque habíamos construido nuestra historia en dicho sol,
vislumbrado nuestro futuro en aquellas horas-
nuestro niño fantasma hecho solo de tormenta:
No
le despertaremos, duerme ahora.
Veo estiradas a través de las flores
telas de araña inmóviles;
y el sol resplandece sobre el tejado
de las altas torres húmedas golpeadas por la tormenta.
Pero no le despertemos: esas tormentas muestran
que su sueño a través de nuestros años será suficiente.
De:
“Un rastro de sentido”.
Versión
de Imanol Gómez Martín
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