miércoles, 6 de agosto de 2014

EMILIO PRADOS




Canción
 


No es lo que está roto, no,
el agua que el vaso tiene:
lo que está roto es el vaso
y, el agua, al suelo se vierte.

No es lo que está roto, no
la luz que sujeta al día:
lo que está roto es el tiempo
y en la sombra se desliza.


No es lo que está roto, no
la sangre que te levanta:
lo que está roto es tu cuerpo
y en el sueño te derramas.

No es lo que está roto, no,
la caja del pensamiento:
lo que está roto es la idea
que la lleva a lo soberbio.

No es lo que está roto Dios,
ni el campo que Él ha creado:
lo que está roto es el hombre
que no ve a Dios en su campo.

 

 

FEDERICO GARCÍA LORCA


 

Al oído de una muchacha


No quise.
No quise decirte nada.

Vi en tus ojos
dos arbolitos locos.
De brisa, de risa y de oro.
Se meneaban.
No quise.
No quise decirte nada.

 

 

 

DÁMASO ALONSO


 

A los que van a nacer



¡Cuán cerca todavía
de las manos de Dios! ¿Sentís su aliento
rugir entre los cedros del Levante?
¿Hay en vuestras pupilas rabos de oro,
vedijitas, aún, incandescentes,
de la gran lumbrarada creadora?
¿O fraguasteis, tal vez, en su sonrisa
-sonrisillas de Dios, niños dormidos-
y juerga en vuestras salas,
niño eternal, gran inventor de juegos?
Oh, vosotros le veis, seres profundos,
y saltáis en el vientre de la madre.

¿Qué peces de colores
os surcan aguas del dorado sueño?
¿Qué divinos esquifes
-juguetes sin engaño-
cruzan el día albar de vuestro cauce?
¿De qué extraña ladera
son esas pedrezuelas diminutas
que bullen al manar de vuestras aguas?
Oh fuentes silenciosas.
Oh soterradas fuentes
de los enormes ríos de la vida.

Seréis torrente en furia
que va a rodar al páramo. Seréis
indagación y grito sin respuesta.
Ay, guardad esta luz estremecida.
Ay, refrenad el agua,
volved al centro exacto.

Ay de vosotros.

... Ay de estos cieguecitos
de leche no cuajada,
de tierna pulpa vegetal, dormida.
Ay, copos de manteca,
que hacia el mercado vais –de sus ordeños
modelados por Dios, aún en su música,
con las gotas aún de su rocío-
entre las verdes hojas de los úteros.

 

 

 

JUAN JOSÉ DOMENCHINA


 

Destierro

 

Es la noche sin fin, la desvelada
noche, que con sus filos de cuchilla
implacable recorta en amarilla
muerte, nuestra silueta enajenada.

Vivir, cuando vivir no vale nada,
equivale a sembrar, con la semilla
infecunda, el dolor, que tanto humilla;
de una existencia rota y postergada.

Y el insomnio repite inexorable
el paso de la vida irrevocable,
que, sin dejarse de sentir, se aleja.

¿Dónde nos llevará, tan sin camino,
tan juguete irrisorio del destino,
nuestra razón destartalada y vieja?

 

 

 

VICENTE ALEIXANDRE


  

Adolescencia

 

Vinieras y te fueras dulcemente,
de otro camino
a otro camino. Verte,
y ya otra vez no verte.
Pasar por un puente a otro puente.
-El pie breve,
la luz vencida alegre-.

Muchacho que sería yo mirando
aguas abajo la corriente,
y en el espejo tu pasaje
fluir, desvanecerse.

 

 

LUIS CERNUDA


 

El viento y el alma

 

Con tal vehemencia el viento
viene del mar, que sus sones
elementales contagian
el silencio de la noche.

Solo en tu cama le escuchas
insistente en los cristales
tocar, llorando y llamando
como perdido sin nadie.

Mas no es él quien en desvelo
te tiene, sino otra fuerza
de que tu cuerpo es hoy cárcel,
fue viento libre, y recuerda.

 

 

martes, 5 de agosto de 2014

MAURICIO BACARISSE


 

La luna de Zamora

 

Rotunda comba sedosa
de la grupa de la brisa
donde, doncella medrosa,
la racha de hierba luisa,
deja un rapto de perfume.
La rapidez se consume
frente a la opulente hora,
perla de abril mal mojado.
Por el duero enamorado
va la Luna de Zamora.

La nocturna catarata
cae rauda entre prisa y celo.
Las herraduras de plata,
en el galope del cielo
hacen ruta diamantina.
Mira, al huir, la infantina
de aroma y aura cantora,
asida a un aliento osado,
por el Duero enamorado
ir la Luna de Zamora.

En la aceña el remolino
trueca la espuma en vigor;
da el agua a mejor destino
su brío y su resplandor.
Pero los saltos de luna
cambian su luz en fortuna
de música bruñidora
de acicate afilado.
Besa al río enamorado
la madrina de Zamora.

Primavera arrebatada,
de efluvios enloquecidos,
olor de la bien llamada,
no te apresan los sentidos.
La razón del corazón
husmea tu fiel unción,
y allá va, perseguidora
del aire, galán malvado.
Por el Duero enamorado
va la Luna de Zamora