perfumeral;
olor negro, todas tus
susanas en la rosa sin ninguna
constante, ánima exterior
lucecitas corpóreas
como evidencia de que
aún siento, ¿no?
y que no he sido totalmente
ver sus caras
el spray en aras de los siglos
ilógicos, y los que siguen
a la sorda
solicroo,
mal
hélitos, mal
esto
que habito contra mí
de metales indúctiles, calzarme
ante seres de carbón
para ser tocada en mis esgrimas
por los círculos
de los círculos
a menos que invocáramos
sierpes en la cama
ojo por ojo
con lentes diluidos
hacernos otra capa de pereza
cavan
tanto de notar
la cenefa ardiente
del estar estando
sola, y seguir
espiándolas por el interfón
como hacía mi madre desde la cocina
esta
es otra historia
a los rabinos del norte
pues
yo ya estaba así tan desde siempre
con la cara empapada en la costra
palaciegas y perdices
especies en la cuna, peregrinando
masas rosas que una apenas
podría presionar, en tres
o más mitades
y en
lugar de entender,
entregarlas—
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