Para
hablar de cuentos de hadas mi vecina, tan locamente enamorada, con la que
comparto una puerta. Y yo la miro tan ventana, ventana abierta que recibe
fragmentos de luz hasta en la noche. Ella, a quien sí le pasó y le dice amor al
amor. Ventana de canciones cuando la madre no está cerca. Para hablar del amor
ella, pero para que su amor exista, corruptible, hecho verdad, yo tengo que
callarme para no importunarlos. Y corro las persianas de mi ventana silenciosa.
Porque mi ventana no respira, es solo un vidrio sin moverse. El amante se asoma
al edificio, esperando las notas que le avienta mi vecina enamorada, un piso
más alta que yo y casi dos vidas más astuta. Entre las rendijas los miro. Los
miro en secreto y escribo en cartas que no mando una canción hecha con anthrax.
De: “Yo
no vine a hacer amigos”
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